“Ser o no Ser” que diría el escritor inglés y que, perfectamente, podría prestar las tribulaciones de sus personajes para orientar a este Real Madrid de Mourinho, absolutamente, desnortado.
“¿Ser o no ser… grande?” sería una de las preguntas posibles que debería hacerse el madridismo, pero también, cabría la de “¿Jugar bien o mal?”, o más allá, incluso, “¿Ser resultadista o no, como atajo?” o “¿Ser permanentemente pendenciero o deportivo y caballeroso?”, etc, etc, etc… Se me ocurren muchas más dudas existenciales para este Madrid amacarrado de Mou, y probablemente, todas se reduzcan a algo tan simple como: “¿Querer GANAR o PERDER? Y ¿Saber GANAR o PERDER?”.
Anoche, frente al Barcelona, José Mourinho pareció que no quería ganar. Hizo todo lo contrario que hay que hacer para alcanzar la victoria. En cualquier organización, -de la actividad que sea-, se usa el pasado para construir el futuro. Y, desde luego, si ha habido éxito, siempre, se trata de mejorar lo ya hecho usándolo de base, y nunca, ¡jamás!, se vuelve sobre los pasos de los rotundos fracasos. El entrenador portugués desempolvó el peor planteamiento posible de esta serie de partidos (=el de liga) para quitar el trono a los de Guardiola, y sucumbió estrepitosamente y de la peor manera posible.
El Real Madrid perdió en el terreno de juego -alto y sin regar- contraviniendo algunas normas de UEFA al respecto. Da igual que ya estuviera con diez tras la justa expulsión de Pepe. El Real Madrid, también, perdió en la parte de imagen con sus jugadores, delegado (Chendo), y buena parte de su cuerpo técnico sobrepasando los límites de la mala educación deportiva con creces. Pero, con todo, lo peor se lo reservó su estrella mediática sin parangón, José Mourinho, para la sala de prensa, abochornando a toda una institución y una afición deprimida por el lamentable espectáculo que había perpetrado su equipo, -una vez más-, y que él pretendía ocultar bajo el topicazo de los malos arbitrajes, las ayudas al Barça, que si la abuela fuma, bla, bla, bla…
La imagen de Mourinho, -recostado en la silla como el que viene del bingo y ha perdido-, soltando por su boca improperios disfrazados de análisis sesudos que, casualmente, siempre le exculpan a él –también expulsado y van…. -, es un daño irreparable para el club presidido por Florentino Pérez.
Mou pareció no querer ganar este partido, aunque también, sea posible que no supiera como hacerlo. De lo que no hay ninguna duda es de que no lo supo perder, como tampoco supo ganar la Copa, al entrar en la sala de prensa de Mestalla, y soltarle un recadito a Cruyff, mientras el madridismo estaba orgulloso por el título conquistado tras un tiempo de sequía, y lo que deseaba de verdad era ser feliz, y no, otra vez, -la enésima-, un aguafiestas inaguantable.
Este portugués que basa su método en ganar, no podrá tener ninguna queja de su presidente, ni de su junta directiva, ni siquiera, de su afición que, extrañamente, le sigue cuan caudillo “todosalvador”. Mou ha sido respaldado, siempre, como con la famosa frase de “criticar desde el respeto también es hacer madridismo” (sic, Florentino Pérez).
Bien, lo de anoche, criticar sin razón, casi insultar, y por lo tanto, sin respeto ninguno. La cosa empieza a ser tan evidente que tras la andanada de Di Stefano, hasta Cristiano (¿ayer jugó?) ha reclamado otro estilo sobre el verde… La peor noticia posible es que no sólo hace falta otro estilo jugando, sino ante la sociedad como ejemplo de los valores de siempre de este club de prestigio internacional que, ahora, en esta nueva etapa no sabe ganar, ni perder… por no saber, no sabe si “Ser o no Ser”.
EGC. 28.abril.2011
P.D. Vivir un partido como éste, entre amigos, es una gozada. En estos casos, el fútbol es lo de menos. Es más una excusa para pasarlo bien que otra cosa, y mira que anoche, sobre todo, Mourinho lo puso difícil. Si a toda esta liturgia “socialfutbolera” le unimos que estamos en Cádiz y que, previamente, habíamos disfrutado del Campeonato del Mundo de Fútbol-Chapas cuya final se decidió en los penaltis, todo quedó redondo. Muchas gracias a Marco, Javier, Beatriz… y a los cincuenta restantes… Os dejo algunos testimonios de lo que podríamos definir, en voz alta, como: ¡¡¡ESTE ES MI EQUIPO!!!


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