El tupé de Bartolo
por Uno de la Redacción

JUEVES 14 DE ABRIL DE 2011 A LAS 18:43 HORAS
Opinión > Política
 
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XAVIER COLÁS

 

Ayer comí como un señor. Como un MacSeñor. Como no hay psiquiatra para tanta gente, el Sistema nos ha dado los menús del día del McDonalds: dulce, salado, grande y pequeño... algunas cosas matan y engordan, otras matan sin engordar. Fui con J. L. Enríquez, que hace marcaje al político en Diario de Alcalá. Se ha pasado a las ensaladas porque es pitanza más sana, lo cual puede acerar su colmillo retorcido en el plano profesional: esta campaña puede desollar al munícipe que le caliente los cascos, aviso. J.L.Enríquez me suena desde que me lo presentaron a J.J. Benítez, y con la tropa que hay en el Ayuntamiento de Agonizantes lleva camino de continuar la saga que acabó con Caballo de Troya 8: Jordán. Los políticos han entrado en modo promesa y el alcalde, que ha cancelado la última cena hasta por lo menos dentro de cuatro años, empieza a soltar profecías en cada sintagma. Lo llaman promesas. 


El sábado Bartolo estuvo viendo a Loquillo en el TSC y desde Twitter intenté embaucarlo para que se hiciese una foto con él: “Si la logras te damos la portada en lugar de a ZP en el mitin del domingo”. La celada que le había tendido era evidente: yo quería aunar los dos tupés que más aceptación tienen en esta ciudad. El de Loquillo es un apéndice más faltón y el de Bartolo una especie de monolito al servicio público. El día que se lo rape significará que si le decimos que una farola no alumbra en el barrio de Copasa nos manda a zurrir mierdas con un látigo. Hasta entonces: pico y pala, aunque ya no le queda presupuesto ni para la carretilla. 


En el PSOE se disfrazaron de cabezaconos en carnaval y se les ha pegado la goma al cuero cabelludo. Hacen una revistaza estupenda casi apócrifa, con el puño escondido y las puñaladas en página impar: se la quiere chapar la Junta Electoral (!) porque huele a propaganda, pero Bartolo también. Claro que Bart, como ZP, puede decir lo que respondió a su mujer el albañil del chiste, que llegó a casa de tomarse un vino tras diez horas trabajando.


 –¿Que huelo a vino? ¿¡Y a cemento no huelo?!


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