Una voz en off narra anticipadamente el final de Matar a un niño de César y José Esteban Alenda, su última incursión en este formato cinematográfico con identidad propia tras la estupenda El orden de las cosas, finalista en la reciente edición de los Premios Goya.
Es necesario señalar, no obstante, que no debemos adelantar ni sacar conclusiones a priori de una cinta que combina imagen en movimiento como hiciera Ione Hernández en El palacio de la luna.
El destino y la casualidad despuntan temáticamente en esta premonitoria desventura. Así, resuena con contundencia la voz del narrador: “no se puede subestimar el poder del azar", para aseverar posteriormente: “lo que no sabe el niño es que dejará de serlo en cinco minutos".
Todo está bien encajado en esta pieza. Sus imágenes golpean con precisión, formulando un discurso que genera incertidumbre y que desprende un halo de desasosiego.
La película aborda la pérdida de la inocencia, encadenando planos que hacen fluir la historia hacia un inesperado final. Por ejemplo, la secuencia en la que el padre completa un crucigrama con la palabra inocencia se funde con otra en la que un coche –máquina de matar– deambula por una carretera comarcal. Ese estado del alma limpia de culpa va a transformarse radicalmente, casi a la velocidad que dibuja el vehículo.
Las manecillas del reloj de cocina marcan el tempo narrativo de Matar a un niño y, simbólicamente se detienen en el mismo instante en que se produce el desenlace y los padres –Cristina Marcos y Roger Álvarez– abandonan apresuradamente ese espacio agobiante que separa la incertidumbre y angustia del mal presagio de la constatación de la realidad.
La fotografía en blanco y negro de Néstor Connols y la música de Sergio de la Puente agudizan esa sensación de tenebrismo que transpira la película.
Roger Princep, cada día mejor actor, traslada ese sentimiento paralizante y traumático que recibe alguien que se ve invadido por un suceso extraordinario. Y es que, como apunta el narrador: “después todo es sombra, oscuridad, vacío".
Los hermanos Alenda construyen una película que viaja a esos traumas de la infancia que condicionan el resto de nuestras vidas. Con la utilización –simbólica– del barquito de madera del niño quieren subrayar el cambio emocional que se instala en su vida, pasando de un momento de plenitud, colmado de diversión y presente, a otro estadio, futuro, condicionado por el sentimiento de culpa y odio.
Todos nos reconocemos en la figura de ese niño sorprendido y asustado que ha perdido el tesoro más preciado a su edad: la inocencia.
· LA FICHA Matar a un niño. Sinopsis: Es domingo. Es el despertar feliz de un día desgraciado. A las diez en punto, un niño feliz va a morir. Dirección: José Esteban Alenda y César Esteban Alenda. Intérpretes: Roger Princep, Cristina Marcos y Róger Álvarez. |