De claro en claro
por Uno de la Redacción

MARTES 5 DE ABRIL DE 2011 A LAS 18:03 HORAS
Opinión > Cultura
 
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PEDRO P. HINOJOS

 

El sábado estaba condenado a ser un día raro. El despuntar del día ya lo barruntaba: un cielo de panza de burra derramaba una luz irreal sobre las personas y las cosas. Horas más tarde, a mitad de mañana, el presidente Zapatero anunció ante los notables de su partido que no se presentará a las elecciones; y en vez de lloros y lamentos, una ventolera de aplausos, suspiros de alivio y sonrisas le levantó las cejas y el flequillo. Por la tarde, el Sporting de Gijón tumbó al Madrid en el Bernabéu con un solitario gol digno de Pro Evolution Soccer y un trolebús cruzado ante su portería; y Mourinho terminó saludando hasta al último recogepelotas. Y cuando se puso oscuro, una multitud animosa y bullanguera tomó las calles, plazas, edificios monumentales y garitos del casco histórico de Alcalá, obrando el milagro de verlo vivo y coleando más allá de la medianoche.

 

La primera Noche en Blanco de Alcalá tuvo ese capotazo del destino; el regalo de un día maravillosamente extraño, en que lo melodramático se tornó cómico y el aburrimiento en una elección improbable. Hasta el refranero quedó en papel mojado (o reseco), porque no hubo ni rastro de la lluvia segura que prometía el cielo panzudo. Cosa de no creer. Pero así sucede de vez en cuando. Y aquí se aprovechó para estrenar una fiesta que solo quedó empañada por el almanaque. Eso de que tengamos elecciones de aquí a poco más de mes y medio torció muchos bigotes. En el mismo almanaque, no obstante, está también el remedio. Si el año que viene, y al otro y al otro, se repite la celebración para darle la bienvenida a la primavera, habrá menos moscas y recelos. Otra cosa es que el azar y los elementos se pongan de nuestro lado y nos brinden un día tan raro como el del sábado. No siempre le jalean a un presidente que se va sus propios compañeros; ni a un borde integral le da un repentino ataque de cortesía. Pero nada de eso hace falta, mal mirado, para divertirse en la calle y en buena compañía. Lo de pasar la noche de claro en claro también tiene su gracia. Sobre todo cuando vivimos tantos días de turbio en turbio.


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