¿Estuve muerto?
por Mary Eastwick

LUNES 31 DE ENERO DE 2011 A LAS 08:08 HORAS
Opinión > Cultura
 
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 "Quién sabe si lo que llamamos muerte

No es sino vida;

y la muerte, en cambio,

lo que juzgamos que es vida?"

Eurípides

 

 

 

Se despertó, desorientado, el viento silbaba muy cercano, trató de acercarse a la ventana contemplando la calle desierta y mojada. Lentamente se desplazó por la habitación iluminada  por la luz que entraba de fuera; el escenario le resultaba conocido pero algo hacía que le pareciese diferente.

 

Durante unos instantes miró los objetos que le rodeaban reconociendo el escenario. Allí encima de una silla estaba la ropa que se había quitado por la noche y que no había tenido ganas de guardar. Sobre la mesilla, el despertador marcaba las cuatro de la madrugada y junto a él la pequeña radio que solía acompañar sus desvelos, estaba silenciosa. 

 

¡Qué raro!, pensó-, llegando fugazmente a la conclusión de que se le habían gastado las pilas. Intentó encender la luz de la mesilla sin conseguirlo, al tercer intento abandonó pensando que aquella noche todo estaba mal: el enchufe de la lámpara debía estar fuera de su sitio. 

 

¡Mañana!, concluyó tratando de identificar el motivo por el que sentía reconocer aquel lugar cotidiano y tan extraño al tiempo.

 

Oía el viento y la lluvia golpeando en la ventana, aquellos días no le gustaban demasiado, todo resultaba más triste y en las calles las personas que se veían, apresuraban el paso buscando el refugio y calor de su domicilio. Extrañamente, aquel pensamiento no le produjo el mismo sentimiento, le dejó indiferente

 

Lo único que le embargaba envolviendo su mente, era algo parecido al desconcierto. Conocía su dormitorio, los objetos que le rodeaban, eran los mismos que veía un día tras otro, sin embargo, tenían algo diferente. Miró el reloj de mesilla que seguía marcando las cuatro, "está visto que hoy se estropea todo, mañana tendré que poner la pila nueva".

 

Las manillas marcaban la misma hora pero sentía que el tiempo había corrido, por eso pensó que era la pila, mientras pensaba se percató que no llevaba zapatillas. Las buscó para ponérselas, no sentía frío en los pies, pero pisar el pavimento era riesgo de constipado. Allí a los pies de la cama, estaban sus viejas y cómodas zapatillas, al intentar calzarlas una y otra vez, sus extremidades se despegaban del suelo dejándolas en el mismo lugar. Lo intentó varias veces hasta que abandonó sin gran preocupación.

 

Todo resultaba extraño, diferente y no por ello sentía nada que no fuese desorientación. Estaba en un sitio conocido pero se notaba extraño, desorientado. Un relámpago iluminó el dormitorio, miró a los pies de la cama, recordando que su mal acostumbrado gato no se encontraba plácidamente dormido en el rincón de siempre.

 

Le llamó, repitiendo su nombre varias veces sin resultado. Gritó un poco más fuerte y su voz le resultó distinta, un efecto parecido al que produce oír tu voz en una grabación, diferente a como  la oyes desde dentro cuando hablas.

 

Aquella noche todo era diferente, estaba tranquilo, hasta un  poco indiferente  a pesar de que todo parecía funcionar mal. Miró hacia la ventana observando que la primera luz del día se abría camino entre la oscuridad de la noche, deben ser las seis de la mañana, pensó dudando entre intentar dormir un poco o levantarse para preparar tranquilamente el desayuno. No le apetecía comer nada y optó por meterse un rato entre las sábanas.

 

En aquel momento empezó a entender todo. Su cuerpo, acurrucado en la cama, descansaba plácidamente aparentando tener un sueño reparador

 

Estuve muerto

La muerte es una realidad física, ¿pero podría ser una ilusión de la mente? A pesar de las pocas investigaciones rigurosas sobre las experiencias cercanas a la muerte, algunos científicos de prestigio piensan que puede haber algo más allá de la muerte. Las investigaciones clínicas entre la vida y la muerte se atreven a sugerir lo imposible: que hay pruebas de que la mente puede seguir viva, después de que el cerebro haya dejado de funcionar.

 

El programa Documentos TV, dirigido y presentado por Pedro Esquicia, emitió hace unos años el reportaje 'Estuve muerto', en el que se investigaba sobre las experiencias cercanas a la muerte, que eran hasta ahora una recopilación de historias y anécdotas de personas consideradas buscadoras de popularidad o de chiflados.

 

 

Un fragmento del impactante reportaje de Documentos TV

 

Pero, actualmente, algunos científicos consideran que quizá haya algo asombroso tras estas experiencias. Tanto es así que ciertas investigaciones sugieren que la mente puede seguir activa después de que el cerebro haya dejado de funcionar. “Estuve muerto” es una recopilación de los trabajos realizados en los últimos años por científicos pioneros en este campo, y con expertos que han estudiado a grupos de personas que habían estado muertas.

 

La definición de muerte clínica, según la práctica médica, es la de ausencia de latido cardíaco, respiración y función cerebral. El documental cuenta con los testimonios de los doctores Aim Van Rommel, Sam Parnia y Peter Fenwick, que son algunos de los científicos que plantean explicaciones a ese fenómeno.

 

Estos investigadores empiezan a considerar al cerebro no como creador, sino como receptor de la conciencia. Para poder analizar esta experiencia se creó la escala ECM, que sirve para tener unos criterios comunes en la investigación. Fue ideada por el Profesor Greyson y en ella se habla de cambios en la percepción del tiempo, sentimientos de armonía o felicidad, abandono del cuerpo y visión de familiares ya fallecidos.

 

Sin embargo otros científicos dan una explicación muy diferente a este fenómeno. Como es el caso de la doctora Susan Blackmore, psicóloga y fisióloga que afirma que estas vivencias se pueden explicar como una función cerebral y química. El documental cuenta, entre otros, el caso de Pam Reynolds, quien a causa de un grave aneurisma cerebral tuvo que ser intervenida quirúrgicamente con circulación extracorpórea. Su cuerpo quedó a diez grados centígrados. Tanto su corazón como su cerebro dejaron de emitir las señales vitales

 

De origen suizo y cuerpo menudo, Elisabeth Kübler-Ross emprendió los estudios de medicina con la esperanza de poder ir a la India como misionera laica, tal y como había hecho Albert Schweitzer yendo a África.

 

Pero el destino la llevó a Nueva York, dónde empezó a trabajar con enfermos mentales, a pesar de tener pocos conocimientos teóricos de la rama de psiquiatría. A base de escucharlos y de estar con ellos, al cabo de 4 años la mayoría había vuelto ya a emprender una vida autónoma, aceptando sus responsabilidades y sin depender de otros para ello.

 

Más adelante emprendió su labor como acompañante a enfermos terminales, tanto personas mayores como niños pequeños. Siguiendo el mismo proceso, de escuchar y estar abierta a todo lo que estas personas querían comunicarle, empezó a elaborar un esquema de las fases por las que pasa una persona que se enfrenta a la muerte, o a la pérdida de un ser querido. Dolor, rechazo a la situación, enfado, negociación, aceptación, reconciliación con el proceso... Estos trabajos le valieron el reconocimiento internacional en el incipiente campo de estudio de la tanatología: el proceso de morir.

 

 

Un montaje sobre el trabajo de Kübler-Ross, el 'optimismo' ante la muerte

 

A entrar en contacto con miembros de la recientemente inaugurada psicología transpersonal, Kübler-Ross pudo vivir una serie de experiencias extracorporales y transcendentes que le validaron y confirmaron que lo que le habían dicho muchos de sus pacientes, acerca de seres y visiones que acontecían justo antes del momento de la muerte, eran algo verídico y que cabía tener en consideración, como uno de las etapas de mayor importancia en este proceso.

 

A partir de allí sus conferencias se abrieron al objetivo de exponer que, además de la inexcusable importancia del acompañar al enfermo terminal, la posibilidad de la supervivencia de la consciencia después de la muerte era un ámbito de estudio que requería la atención de todos, sobretodo de los anonadados miembros de esta sociedad mecanicista occidental en la que vivimos.

 

El deceso no sólo era un hecho que requería aceptación, sino que además era un proceso que había de ser afrontado sin miedo. Después de años de un relativo rechazo por parte de la comunidad científica -quizás por ser una ‘vocera’ del movimiento ‘espiritual’-, el reconocimiento llegó en forma de numerosas entregas de títulos honoris causa, concedidos por diversas universidades de todo el globo.

 

Para saber más

 

Si te ha interesado el tema, sabrás que hay una formidable biblioteca y filmoteca de libros, ensayos y películas que tocan el tema de la vida después de la muerte. Para todos los gustos, creencias y enfoques. Aquí debajo te dejo una selección, sin otro criterio que el gusto personal y el disfrute de cada una de ellas.

 

 

 

'Dragonfly. La sombra de la libélula'. Una película del ocaso de Kevin Costner que plantea la pregunta eterna sobre la fe y la ciencia. ¿Eres capaz de ver más allá de tus propios ojos?. Ésa es la cuestión, al menos en esta cinta muy curiosa.

 

 

 

'Línea mortal'. Un enfoque alternativo: cómo averiguar desde la Ciencia lo que ocurre después de morir. Un grupo de médicos intenta descrifrar esa pregunta. ¿Lo consigue? Kiefer Sutherland y Julia Roberts bordan sus papeles.

 

 

 

'El sentido de la vida'. Los Monty Pythons en estado puro: una sonrisa para acabar la videoteca de hoy en 'Noche de Lobos'. Nada más trascendente que sonreír en vida... y tras la muerte.

 

 

 

Y entre los mil libros sobre este asunto, me quedo -hoy, no sé mañana- con 'El más allá existe', de Lino Sardos Albertini. Bien curioso, para tardes de invierno o noches de verano.


Comentarios
Emilio Jimenez emiliojh@hotmail.com
jueves 29 de septiembre de 2011 a las 04:07 horas
Yo pase por esta experiencia. estuve del otro lado.
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