Arte festivo
por Juan Antonio Moreno

MIÉRCOLES 19 DE ENERO DE 2011 A LAS 11:33 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Pierre Auguste Renoir (1841-1919) entendía el arte como algo que pudiera provocar alegría y emoción en el que lo contempla. Gran conocedor de Velázquez y de Rubens, su gama –amplia– de colores consigue sin duda transmitir esa pasión que siente por la luz.

En estos días, el Museo del Prado dedica la primera monográfica al artista francés con la muestra Pasión por Renoir, que recoge 31 obras del coleccionista Robert Sterling, fundador del Sterling and Francine Clark Art Institute, que posee lo mejor de la obra de Renoir.

La pinacoteca nacional traza un recorrido que se bifurca en dos trayectos: el primero lo componen géneros como el retrato, la figura femenina, el paisaje, la naturaleza muerta y el desnudo, y el segundo la historia, que es la base que inicia el muestrario del coleccionista americano, fundador de la compañía Singer y que se instala en París.

La capital francesa alumbra a este pintor bohemio que comparte espacio vital con Pissarro y Sisley; todos ellos creadores que emergen desde la oscuridad de la pobreza a la luminosidad del reconocimiento.

Nuestra capital está de enhorabuena pues en los últimos tiempos se han sucedido diferentes exposiciones sobre impresionistas franceses: Rodin, Degas, Sisley, Monet, Cezanne, Gauguin o Seurat han precedido a la esperada muestra sobre uno de los grandes maestros del arte moderno.

A buen seguro que con la pretendida armonía de su paleta Renoir logra cautivar al espectador, trasladando la magia que preconiza. Contemplar su obra es participar de un festín indescriptible, es vivir sensaciones gratificantes, ya sea con Bañista peinándose, con Retrato de Madame Monet, con Frutero de manzanas o con su excelente Autorretrato.

Su pintura es sensorial, envolvente, vivificante y puro deleite. Renoir es el impresionismo, es arte que desborda la emoción. Cada una de sus piezas maestras quieren compartir con el público la alegría de vivir: a fe que lo consigue.

La posibilidad de poder ahora participar de este frenesí artístico  es un lujo para todos aquellos que quieren ver reconfortado su espíritu. Renoir nos convoca a una lección de arte y de vida, no podemos defraudar al maestro.


· LA CITA:
Pasión por Renoir. En el Museo del Prado. Hasta el 13 de febrero.


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