Los monos no fuman
por Antonio R. Naranjo

MARTES 4 DE ENERO DE 2011 A LAS 12:24 HORAS
Opinión > Política
 
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Es obvio que un mundo sin humos es más saludable. Y también lo es la preponderancia, casi absoluta, de los derechos de los no fumadores sobre los placeres de quienes fumamos. Aún más, no hay contradicción en una ley restrictiva del mismo Gobierno que convierte la producción y venta del tabaco en una de sus más lucrativas actividades, amén de en una fuente inagotable de creación de empleo y sostenimiento de la tierra de cultivo: en todo el mundo, según el interesado pero verosímil informe de la British American Tobacco, más 100 millones de personas comen directamente de esta planta; que genera además entre el 4% y el 10% de los ingresos fiscales.

 

Es perfectamente compatible vivir del tabaco y regular su consumo, aunque no faltarán voces que denuncien con razón la galopante hipocresía autocomplaciente presente en miles de campañas de concienciación y prevención destinadas a consolidar otro pesebre público inane y a cubrir de paso el expediente con uno de esos legendarios despliegues de falso progresismo de moqueta que llena la habitación de hedor a moralina.

 

Ocurre también con los coches, la prostitución, el alcohol, la comida y hasta los malos tratos; objeto de imposibles piruetas públicas, de vampíricas succiones de problemas que no arreglan pero ayudan a cincelar una imagen propia de compromiso y conciencia que es fuego fatuo, por definición, cuando no deja jirones reales a sus paladines pero sí engorda su nómina sin dar a cambio avances estadísticos fiables.

 

Es más fácil servirse de las causas que servirlas, y no faltan en la historia remotos exilios políticos, indómitos pueblos marginados y crueles exterminios a los que apelar, entre cococha y cococha; mientras se guarda silencio ante la tropelía etarra, el derroche público, la corruptela institucional vigente, la degradación educativa, el abuso autonómico o cualquiera de los lances cotidianos que sí merecerían un poco de implicación de tanto concienciado por cuenta ajena: la actitud de aquel rector complutense que premiaba a las represaliadas de Guatemala mientras vacilaba a las víctimas del 11-M ahorrándose un centro de su memoria vendido cuando aún los muertos parecían de todos; simboliza este crimen perfecto contra la inteligencia del ciudadano, que encima aplaude.

 

Una última razón consolida la cruzada contra el humo si la réplica se estructura desde el mero consumidor: por muy estupendos que nos pongamos, es difícil encontrar un argumento más solvente que cualquiera de los esgrimidos por un médico, un peatón o incluso un político, aunque éste sea alguien tan poco verosímil, tan genuinamente dadaísta y tan representativo de la granhermanización de la actividad de Cánovas, de Azaña o de Churchill como la increíble Leire Pajín.

 

 

 

Y sin embargo, y aun con todos estos preámbulos, la nueva ley antitabaco es un monumento orwelliano, una tropelía caciquil, una invasión de las libertades y un ejercicio de totalitarismo cuando se impone en ese rincón de la vida en sociedad que no es público ni necesario ni de obligatoria afluencia: allá donde debe imperar el derecho del propietario a regular el uso de su negocio con arreglo a su visión comercial, allá donde la libertad del no fumador consiste en no entrar y esperar que sean muchos más como él los que consigan la apertura de negocios sin humos; allá donde la única libertad a proteger es la de empresa; esta ley naufraga en los peligrosos mares del pensamiento único, del buenismo antinatura y de un totalitarismo light que extendido a otros ámbitos -¿Qué es bueno pensar, leer, comer y decir?- adquiriría fragancias peligrosas.

 

La imperfección del hombre le lleva a fumar o a correr delante de un toro; dos lances suicidas pero indivisibles de esa alma inquieta, a menudo ilógica y con frecuencia inexplicable que le faculta también a descubrir la penicilina, escribir Cien años de soledad, honrar a sus muertos o comprender la importancia de la Naturaleza.

 

Cualquier fumador decente entenderá que no se puede fumar en casi ningún sitio y agradecerá, como es mi caso, los restaurantes que voluntariamente prohíban el humo. Pero cualquier no fumador sensato debería entender también que, en el viaje de librarse del tabaco ajeno, no puede incluirse una prohibición total e innegociable en esas pequeñas repúblicas de la esencia del ser humano donde hacerse daño, si el mesonero lo permite, es un fantástico privilegio del homo sapiens y un modesto ejercicio de libertad: "... Luego vinieron por mí, y no quedaba nadie".

 

Cuidado con esa gente que te impone lo que es mejor para ti sin preguntarte siquiera si estás de acuerdo: España no tiene un problema de malos humos; sino de libertades. Los monos no fuman.

 

Posdata. El presunto derecho del no fumador a prohibir el tabaco en un pub es idéntico, en esencia, al de ésos que llaman 'cultura libre' a la descarga ilegal. Hay cosas, sea un modelo industrial mejor o un mesón libre de humos, que no se pueden imponer. Sobre todo cuando se tiene razón.


Comentarios
la vara cibernética
sábado 8 de enero de 2011 a las 13:15 horas
Vaya, querido Garry, no sabía que habías pedio a los Reyes Magos un enciclopédico manual acerca de los Usos y Abusos de la Cobardía y, que estos buenazos seres ni cortos ni perezosos, te lo han traído, seguramente, bien acompañado de una enorme carbonera. La excelente aplicación que de los preceptos que contiene realizas, demuestra que eres un alumno muy aplicado. Serás borde. Feliz Año Nuevo al fin majo, y si después de todo eres capaz de recuperarte del sorpresivo andamiazo que te auguro y deseo, puedes pirarte al desierto de Gobi a pelo, sin brújula y mapa indicativo alguno.
Garry
viernes 7 de enero de 2011 a las 16:50 horas
Efectivamente Sr. Naranjo, escribir bien solo lo "intenta", pero no lo consigue. Confunde el fin con los medios. Respecto a su comentario gratuito sobre mis posibles preferencias en materia de lengua castellana, reciba mi comprensión y respeto, no contestaré con descalificaciones las suyas. Como bien dice, dada la gran oferta que hay elegiré en lo sucesivo no leerle más. Usted se lo pierde.
Antonio R. Naranjo
viernes 7 de enero de 2011 a las 10:03 horas
Buenas, la verdad es que este asunto no hay por dónde cogerlo: nadie discute, en su sano juicio, por uan restricción casi total del tabaco y total en los espacios públicos. Ni siquiera pedimos que se pueda fumar en todos los bares y restaurantes: simplemente pedimos que aquellos que libremente quieran permitirlo, no sean perseguidos y multados. Que dejen un espacio libre de imposiciones como complemento a un mundo libre de humos. ¿Es mucho pedir de verdad? Creo que todo fumador y todo no fumador sensato podemos estar de acuerdo en algo que, más que con el humo, tiene que ver con la libertad.
Garry, lo que yo intento hacer tiene un nombre: se llama escribir bien. Seguro que usted se siente más cómodo con el castellano de los habitantes de Gran Hermano, será por oferta.

Feliz año a todos, especialmente a señor de madrid, pater, AntonioM, Muga y cía, a quienes tengo algo olvidados: disculpen todos, a ver si este año recuperamos el diálogo de siempre.
Garry
jueves 6 de enero de 2011 a las 13:48 horas
Sr. Naranjo, ¿por qué se pone usted tan barroco cuando coge la pluma? No entiendo que se confunda escribir bien con escribir recargado, epitetizando hasta la náusea y utilizanzdo recursos más propios de un castellano, no ya antiguo, sino trasnochado y fuera de lugar. Repórtese Sr. Naranjo, repórtese
Un señor de Madrid
miércoles 5 de enero de 2011 a las 08:22 horas
Es evidente que usted se defienda y defienda los derechos de los fumadores, seguro que esta regulación se lo agradecerá su familia y su bolsillo.
Personalmente estoy encantado con la medida!!
Escudero
martes 4 de enero de 2011 a las 19:12 horas
Esta gente que nos gobierna peca en exceso de hipócrita, mientras prohíbe fumar en lugares públicos, ofrece a los fumadores mas puntos de venta que antes de la prohibición, lease kioscos de prensa y gasolineras.

Excelente articulo Sr. Naranjo
Pepito Grillo
martes 4 de enero de 2011 a las 18:25 horas
¡ SIN COMENTARIOS !
Emboscao
martes 4 de enero de 2011 a las 15:13 horas
Amén. ¿Tienes fuego?
mercedes merche
martes 4 de enero de 2011 a las 14:52 horas
Comprendo muchas de las cosas que dices, pero ¿de verdad crees que la libertad está proi encima de todo? ¿Qué fue del 'nuestra libertad acaba donde empieza la de los demás'? Comprendo a los fumadores porque yo también he sido uno, pero creo que la mayorìa piensa bastante poco en el que tiene al lado. la libertad no jsutifica todo, ni los beneficios tampoco. Por eso, en lo único en lo que estoy deacuerdo contigo es en la doble moral del gobierno, que sigue recaudando dinero a raudales a costa de algo que por otro lado nos vende que es malísimo para nosotros.
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