Alucino, de veras. Sí, alucino con la “normalidad” con la que Simao, el buen jugador portugués, se ha marchado del Atlético de Madrid. Discursito emotivo de rigor, cara de circunstancias y medias lagrimitas de “ésta es mi verdadera casa, y cuanto te quiero, ¡¡¡sentimiento mío!!!”… pero, Atleti, ahí te quedas.
Os prometo que no entiendo como un club con la historia, presente y futuro del Atlético de Madrid puede caer en esos comportamientos que parecen más propios de sus enemigos que de quienes se suponen que le aman.
Y lo peor, es que no es la primera vez que sucede una salida de estas raras, aunque esta vez haya sido con un futbolista de mucho más calidad que los anteriores (Heitinga, Jurado, etc…).
El Atlético de Madrid, junto con el Valencia, son las claras alternativas a la dualidad dominante madridistaculé, dentro y fuera de los terrenos de juego. Pero más parece que los rojiblancos anden empeñados en lastrarse para demorar esa “vuelta” que tanto necesita nuestra liga, en vez de asumir su rol y dejarse de modas que matan su estilo, el estilo de un Club Grande.
Un club como el Atlético de Madrid, ni siquiera por cuestiones económicas, se puede permitir prescindir de un jugador como Simao, a mitad de temporada. Y es que, en efecto, aunque entren algunos dineros en caja, o se ahorren por no tener que pagarlos, la “derrama” que supone ver a uno de tus líderes, -con brazalete incluido- abandonar la nave en medio del camino, al mismo hombre que ha ofrecido los títulos conseguidos recientemente a sus aficionados en el Calderón, -me da la sensación a mí- que es una sangría y un perjuicio mayor que el alivio en las arcas que pueda provocar una buena operación comercial como ha sido su traspaso.
En esa bicefalia, -nada buena-, entre Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil, la sorpresa del presidente al conocer la marcha del luso y de que su club no le hiciera ninguna contraoferta, -me temo-, confirman esa sensación de desdén de círculo vicioso que le impide al Atleti volver al lugar del que nunca debió marcharse.
He tenido la suerte de trabajar con el Atlético de Madrid, y además, en una época tan dura como la de la intervención judicial del “inolvidable” Rubí. Es junto al Valencia, el club con el que más íntimamente he compartido su día a día, y por eso puedo afirmar que hay gente muy valiosa, muy comprometida para ser los puntos de apoyo de una urgente recuperación de la mayor exigencia posible de un Club Grande: Su Estilo conforme a Su Historia.
Además, ahora, tienen entrenador, (¡pedazo de entrenador!), tienen jugadores, (¡cracks mundiales como Agüero y Forlan!), y sobre todo, tienen una afición vigilante de los valores de siempre que, aunque algunas veces se han convertido en maltratadores, mayoritariamente, son fieles a un sentimiento tan especial como ser del Atleti cuando todas las tendencias y corrientes invitan a otra cosa. Ganar como lo hicieron al final de la temporada pasada, y al comienzo de ésta, ayuda a arraigar la “refundación” que debe huir de modernos vicios tópicos, perversos y, sobre todo, falsos.
No entiendo esa autocomplacencia en la derrota, en el sufrimiento, en la fatalidad que justifica, -en muchas ocasiones-, lo injustificable como por ejemplo, ahora, la salida fantasma de Simao.
El mito del “Pupas” fue tergiversado y manipulado por ignorantes, -muchos de ellos de la prensa-, para transformarlo en “PERDEDORES”, y resulta que no, que el Atlético de Madrid, por palmarés es el tercer club de España. Sí, muchos de los que, ahora, empiezan las alineaciones con el portero y lateral izquierdo, centrales, y lateral derecho…, cuando toda la vida ha sido al revés, desde su púlpito, se han hecho un lío con la historia de un club como el colchonero, hasta convertirlo en algo irreconocible y de menor cuantía.
Los “añitos en el Infierno”, o el famoso himno de Sabina que loaba “la manera de palmar”, resulta que no responden a la realidad. Y hacer una gracia con lo de perder, cuando sales a competir es, cuando menos, ridículo. Perder es consecuencia del juego y de salir a ganar, porque para eso se compite, y el Atlético de Madrid ha dado muchas lecciones ganando y perdiendo.
Su estilo, su grandeza, su historia… ése es su rincón de seguridad, y ahí, me gustaría que volviera cuanto antes, dejándose de comportamientos que retrasan su “recuperación”. Lo de Simao, ¡ojalá!, sólo sea una leve recaída sin importancia.
EGC. 28. diciembre.2010.
P.D. Dejémonos ya de la “moda” de revindicar fútbol de Liga en Navidad, como en Inglaterra. Cada uno tenemos nuestras costumbres, y creo que no viene mal, de vez en cuando como ahora, una cura de desintoxicación futbolera. A veces sólo se valora suficientemente lo que se tiene, cuando se deja de tenerlo. Tal vez, la AFE se empeñe en hacer más tangible esta máxima popular… Veremos si mantiene el órdago ¿?. Creo que no. |