Ley Sinde: ganan los orcos
por Antonio R. Naranjo

JUEVES 23 DE DICIEMBRE DE 2010 A LAS 14:19 HORAS
Opinión > Política
 
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Hay un requisito indispensable para ganarse un cierto derecho y un ápice de autoridad en la legítima discusión crítica, incluso furibunda, sobre el modelo de gestión de los derechos de autor; sobre la evidente resistencia de la industria cultural a adaptarse a los tiempos y a los consumidores; sobre la indudable existencia de intereses espurios en un mundo y un sector sometido a tiranías monopolísticas e internacionales; sobre la dudosa imposición de un canon preventivo en los soportes digitales y, en fin, sobre la inevitable costra de hipocresía, política, dinero, nepotismo, cambalache, elitismo, negocio o corporativismo que recubre a la siempre noble creación.

 

Ese requisito es aceptar la propiedad ajena, su derecho a ponerle un precio y nuestra obligación de comprenderlo y asumirlo, aunque sea para rechazarlo. Sin excepciones, sin atajos, sin asaltos: la alternativa a no pagar por un disco, un libro o una película demasiado caros es no oírlo, no leerlo y no verlo, con la seguridad de que esa actitud terminará por modificar el precio, el servicio, la forma de venta y de distribución.

 

Las taras precedentes, algunas de ellas indignantes, otras cercanas al fraude y alguna más simplemente suicida sí dan, además de para ignorar el producto; para apostar por quienes lo ofrezcan voluntariamente de otra manera (este artículo es un ejemplo: gratis, sin restricciones y además interactivo) o, los más gallardos, para encabezar cívicamente una reforma utilizando las sagradas herramientas que ofrece una democracia sana, ora como agente político, ora como operador del mercado, ora como poderoso consumidor.

 

Pero no dan para convertir en derecho el gratis total, no dan para boicotear webs ajenas con clandestinidad fascista de controlador aéreo; no dan para arrogarse la representación del pueblo por dominar el Twitter y sentirse Pontífice de una nueva religión cibernética que transforma en plenipotenciario pope a cualquier personaje con un número de seguidores apreciable pero infinitamente inferior cualitativa y cuantitativamente al del más modesto partido con presencia institucional.

 

Una cosa es que Wikileaks se comporte como una maravillosa fuente de información reservada que sólo gana credibilidad cuando se transforma en un producto firmado en periódicos identificables y otra, bien distinta, que se sientan incluidos en su espíritu contestatario cuatro pelagatos, cuatro frikis o cuatro reverendos Jones convencidos de que son una mezcla de Julian Assange y Lisbeth Salander cuando en realidad apenas son pastores engolados de un rebaño ágrafo al que, ellos sí, sacan mucha pasta.

 

 

La media sonrisa orca, característica de sus pírricas victorias: ni ellos existirían de no garantizarse la propiedad de su autor, pero aún así combaten

 

Junto a la conciencia de la propia muerte, lo que más define la condición humana es su capacidad de crear, en la misma medida que la defensa de la propiedad distingue las democracias de las dictaduras. Sólo la condición virtual de los productos culturales les distingue de una casa, de un jamón o de un jersey que no se pueden descargar por ADSL ni compartir en un servidor colectivo o una web pirata: ese ese matiz el que obliga a crear complejas leyes que resuelvan tecnológica y jurídicamente lo que con otros productos materiales solventa el sentido común: tal vez la Ley Sinde no era la mejor ni la única manera, pero era ahora la única visible para tratar de frenar ese sinsentido jurídico que tolera el incontestable atraco en la red convirtiéndolo en un inexistente intercambio entre dos personas y convierte a los incultos asaltadores en heroicos luchadores por la ‘cultura libre’.

 

A nadie se le ocurre entrar en una carnicería y llevarse una pieza de Jabugo, ni siquiera aunque su precio sea objetivamente un abuso. Nadie, tampoco, se cree con derecho a invadir domicilio ajeno porque lo tenga hecho una leonera, no explote el potencial botánico de los balcones o simplemente viva solo y lo necesite menos que una familia numerosa de parados.

 

Pero algunos se creen con derecho hasta a presumir de bajarse gratis la última de los Coen a los diez minutos de su estreno, obviando que nunca se hubiera rodado de no haber contado con una expectativa de ingresos determinada. Y es aquí donde terminamos en el quid de la cuestión: frente a quienes ven en la propiedad del autor una infumable defensa de su voracidad económica, aunque luego bien se cuiden ellos mismos de cobrar por lo que hacen, lo que intenta defenderse en la subsistencia de la propia creación.

 

No habrá nunca otra película como El Señor de los Anillos, ni otro libro como el Leviatán de Paul Auster, ni otro disco como el Days like this de Van Morrison si sus autores, sus mecenas y sus exhibidores no cobran por ello: el precio justo siempre lo fija el mercado, y lo aprovechan mejor los pioneros e innovadores que todos aquellos que siguen pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero allá ellos.

 

Esto que estamos viendo, más que una descarga ilegal, es una vomitona infame de quinceañero resacoso, consentido y sin embargo triunfante en su ceguera alcohólica: gracias al endémico tancredismo del PSOE, patético y cobarde para variar con una ministra injustamente abandonada; al cinismo ventajista del PP, que prefiere comprar la mentira sobre el imposible cierre de cualquier web a defender el derecho a la propiedad como haría un buen partido liberal; al libertarismo párvulo de una IU que se cree Robin Hood y en realidad es Sir Reynold Pomfret; lo malos y los tontos han pasado por buenos y listos.

 

Toda una radiografía del momento social de confusión, infravalores y primacía del lerdo tutelado. Sólo les falta Belén Esteban capitaneando el ejército en el Abismo de Helm. Huelga decir que, aunque no lo saben y se sientan Frodo, ellos son los orcos.

Viva Mordor.

 

Posdata. Es de justicia dar algunos nombres. A algunos les conozco, a otros les leo, y en todos suele darse esa mezcla espléndida de talento y conocimientos. El tal Enrique Dans, especialmente, tiene un trago. Se ha debido creer algo así como el protagonista de V de Vendetta o de Matrix Insólito, pero también inadmisible eso de erigirse en la voz del pueblo sin el pueblo. Seguro que además le es muy rentable, mientras haya rebaño que se lo crea.

 

Apéndice a 27 de diciembre. Como alguno sigue diciendo por ahí barbaridades y mentiras para justificar el injustificable derecho al pirateo, aquí tienen el enlace a la Ley Sinde. Es un tocho notable, busquen en la página 91 para leer directamente la información. Yo extraigo un párrafo para los más perezosos que demuestra que nunca se intentó cerrar políticamente una web cualquiera sin autorización judicial:

 

“2. Corresponderá a los Juzgados Centrales de lo Contencioso-administrativo autorizar, mediante auto, la ejecución de los actos adoptados por la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual para que se interrumpa la prestación de servicios de la sociedad de la información o para que se retiren contenidos que vulneren la propiedad intelectual, en aplicación de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico”.

 

Sería más oportuno preguntarle al señor Dans si gana algo sosteniendo una mentira para incentivar la piratería en sus seguidores. Un indicio: su empresa unipersonal, que no crea trabajo, facturó 100.000 euros el año pasado por disertar sobre estas cosas. Es un adelanto, lo miraremos con más calma.


Comentarios
Yo tukan_@hotmail.com
miércoles 4 de enero de 2012 a las 19:06 horas
El apunte que das es una soplapollez porque dice claramente que el " autorizar, mediante auto, la ejecución de los actos adoptados por la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual " ósea, que al juez le dicen vamos a cerrar esta página y el dice , pues vale, pero si al juez le preguntaran ¿esta cometiendo esta página algún acto delictivo? diría no (como ya lo han dicho en cuantiosas ocasiones) pero claro, ahora esa pregunta nos la ahorramos. NOASINDE-ETXEBARRIA
Carlos Tafur Porras carlostafurporras@gmail.com
miércoles 12 de enero de 2011 a las 14:04 horas
Obviando el discurso tópico del artículo (ejemplo del jamón incluido), me gustaría preguntarle al señor Naranjo si tiene permiso expreso de la productora o distribuidora del Señor de los Anillos para utilizar imágenes de la película, porque el texto de la ley Sinde prohibía enlazar hacia contenidos protegidos con derechos de autor, circunstancia que se da en este caso.
dbnews dbollero@gmail.com
martes 28 de diciembre de 2010 a las 07:52 horas
La ley es ambigua y mal redactada lo mires como lo mires. También dice: "La decisión de la Comisión tendrá carácter vinculante y ejecutivo para las partes.
Lo determinado en este apartado se entenderá sin perjuicio de las acciones que puedan ejercitarse ante la jurisdicción competente. No obstante, el planteamiento de la controversia sometida a decisión arbitral ante la Comisión impedirá a los Jueces y Tribunales conocer de la misma, hasta tanto haya sido dictada la resolución y siempre que la parte interesada lo invoque mediante excepción"
Antonio Rojas arojasfriend@telefonica.net
sábado 25 de diciembre de 2010 a las 19:50 horas
Se dedican al pillaje, roban con impunidad y, además, se ofenden. Unos curiosos personajes que, además, se consideran los dueños de la Red. Hay una dictadura en Internet que, cada día que pasa, me da más miedo.

http://mapadeutopias.blogspot.com/2010/12/el-mundo-al-reves.html
Benger benger1980@gmail.com
viernes 24 de diciembre de 2010 a las 10:13 horas
Pues cuando yo vea una imagen (o vídeo) en este portal que sospeche que tiene derechos de autor, apelaré a la ley Sinde para que lo cierren, y así usted pueda escribir en la hoja parroquial de su barrio.


Un señor de Madrid.
jueves 23 de diciembre de 2010 a las 15:50 horas
Completamente de acuerdo. Aquí lo que ha fallado han sido las formas por un lado en el desarrollo de la ley y apoyo desde las filas socialistas a la actual ministra; la ley no estaba bien planteada. Por otro lado estan los sinvergüenzas que apelan a la libertad democrática, actuando no como orcos, sino como verdaderos delincuentes intencionados, que quieren todo gratis, pero que se lo paguemos todos los demás, no sé si me explico. Y los últimos los distribuidores paralizados porque no saben definir adecuadamente su negocio con las nuevas tecnologías.

Y lo que es evidente es que los tiempos han cambiado y no somos consicientes que profundamente. Usted mismo llegará en breve a limitar o radicar su edición en papel sustituida por el pago en su versión electrónica, el problema radica en el modelo de negocio elegido.

Un saludo y felices fiestas.
Mcmanaman
jueves 23 de diciembre de 2010 a las 15:39 horas
Con el tema de la Ley Sinde se ha producido un curioso fenómeno. Parece que todo aquel que está en contra de su aprobación es un defensor de la piratería, cuando no es así. La Ley Sinde, por ejemplo, contempla que se pueda cerrar una web sospechosa de publicar contenidos audiovisuales que no tengan licencia de autor. Hasta ahí estamos de acuerdo. Lo que no podemos pretender es que ese cierre se consienta sin autorización judicial y sin presentar las pruebas pertinentes que certifiquen que ahí se está cometiendo acto pirata alguno. Un ejemplo más claro: de aprobarse la Ley Sinde, yo podría convencer al ministerio de Cultura de que en esta web se publican imágenes pertenecientes a autores a los que no se les ha solicitado el derecho pertinente, y el ministerio podría proceder a cerrarla de manera cautelar, sin necesidad de resolución judicial. ¿Queremos proteger las creaciones artísticas de los autores? Por supuesto. Pero no a cualquier precio, y menos con las condiciones que figuran en la Ley Sinde, que poco se diferencian de aquel tribunal inquisidor donde bastaba con afirmar que alguien practicaba brujería para que se le llevara a la hoguera. NO A LA LEY SINDE.
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