Todos contra el doping
por Emilio García Carrasco

LUNES 13 DE DICIEMBRE DE 2010 A LAS 12:56 HORAS
Opinión > Deporte
 
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La Constitución lo consagra, pero conviene recordarlo, sobre todo, para algunos “rápidos” y/o inconscientes, que de todo hay: Mi más absoluta presunción de inocencia hasta que no haya sentencia firme, en todos y cada uno de los procesos judiciales. Por supuesto, también en el que tiene que ver con el doping deportivo, destapado en la “Operación Galgo” que, parece, tiene bastantes relaciones con la anterior “Operación Grial” (=Paquillo Fernández, el marchador), y la archiconocida “Operación Puerto”.

 

Lo comentaba la semana pasada en referencia a las razones de por qué no nos dan la organización de grandes eventos deportivos, y entre ellas, salía nuestra “teórica permisividad” en la lucha contra el doping. Operaciones como ésta, demuestran que España no es ningún paraíso en materia de dopaje, y lejos de ello, está al frente de quienes más y mejor lo combaten. Es muy evidente que esa razón no está justificada, tal y como avanzábamos hace siete días.

 

Sí, -insisto-, tenemos el marco legal más avanzado y riguroso, los mejores métodos de detección y, -como se aprecia-, una gran estructura policial que trabaja cumpliendo con su obligación, más allá de que haya, o no, nombres famosos, casi míticos.

 

Todas las informaciones que se han filtrado colocan esta “Operación Galgo” –como las otras- en el ámbito de lo delictivo. No me parece sensato, por lo tanto, que se use la expresión de “tramposos”, casi como si recurriésemos a la tan española picaresca porque, desafortunadamente, el consumo de sustancias dopantes va íntimamente unido a su tráfico, y éso, está tipificado como un delito contra la salud pública. Así de claro, y así de grave.

 

En estos casos, se usa mucho, también, aquello de que: “¡ojalá, todo sea una equivocación, una maldita pesadilla!”. Se utiliza como algo retórico, y como salida fácil para pasar el mal trago de los protagonistas y su entorno, pero debo deciros, que en el caso del consumo, es decir, de todos aquellos que han dado positivo, en mayor o menor proporción, no conozco ni uno sólo que después no se haya confirmado.

 

Es posible que un control antidoping falle porque no detecte la sustancia dopante, pero si la detecta es porque la sustancia existe. El sistema no se “la inventa”. Esa es una excusa muy políticamente correcta, generalmente, de los inculpados que los expertos, saben, no se produce jamás. Si la sustancia aparece es porque está, y luego, veremos si, como algunos, se libran porque ese fármaco o componente forma parte de una lista del Comité Olímpico Internacional, o de su Federación, o de lo que sea, y la entienden como admitida o no… que cómo sabéis eso fue lo que libró a Perico Delgado en su día.

 

En materia de tráfico, a veces, ha habido errores como en la citada Operación Puerto, pero también debemos decir que han sido la excepción que confirma la regla.

 

Por lo tanto, y vuelvo a repetir, España está al frente de la lucha contra el doping de forma ejemplar, tanto desde el plano legal, policial o tecnológico. Y también, hay que decirlo, desde la perspectiva de los deportistas, incluyendo a la inmensa mayoría de los ciclistas y atletas.

 

No estoy de acuerdo con quienes dicen que “esto era un secreto a voces”. No, absolutamente, no. Me niego -por sensación y por información- a aceptar que este delito está anclado en nuestro deporte. Tal vez, podamos reprocharnos que no hayamos sido capaces de desarrollar una cultura favorable para denunciar ese tipo de comportamientos delictivos, pues, -parece-, que algunos sabiéndolo hay preferido mirar hacia otro lado.

 

Yo he tenido ocasión de moverme con atletas de primer orden como Abel Antón, Martín Fíz, Fermín Cacho, Roberto Parra, etc… y su comportamiento, delante y detrás, siempre ha sido impecable y fruto del esfuerzo y del trabajo. Y también, he tenido oportunidad de trabajar con la Real Federación Española de Atletismo, y os puedo asegurar que de tramas de este tipo, ¡¡¡ni una!!!

 

Ahora, que algunos inmorales manchan el buen nombre de un colectivo, no se puede salpicar a todo el mundo, máxime cuando han pasado todos los controles habidos y por haber de manera impecable. En esto del doping, sucede como en los asuntos de pareja, el que está al lado es el último en enterarse de que te están engañando, pero rompo radicalmente con la idea de que esto “es algo que se sabía”, insinuando que muchos lo tapaban.

 

Yo padecí muy de cerca el positivo de Julio Rey, el maratoniano de Toledo, y desde luego, nadie podía pensar que una persona como él, pudiera hacerlo. Se equivocó, pagó por ello, y después, siguió compitiendo en nombre de España, trayendo medallas de tronío. Nadie de su entorno podíamos suponer tal cosa, y sin embargo, ocurrió. Así de cruel, y así de desconcertante, porque te quedas sin palabras, y también, sufres una especie de estafa que te deja hundido. A mi me pasó por mi relación profesional y personal con él.

 

El doping es una lacra. Es tan devastador que aunque seas una persona tan significada en su persecución como Jaime Lissavetzky, Secretario de Estado para el Deporte, te provoca las mayores ingratitudes del mundo. Él nunca lo ha reconocido públicamente, ni lo hará porque es un caballero, pero en pleno expediente a un jugador de fútbol que, luego, fue sancionado con dos años de suspensión, era tal el drama que se vivía en la familia que Lissavetzky le dio su número móvil privado a la madre del futbolista para que pudiera hablar con él cuando quisiera. Me contaron que más de una noche y más de dos, ese teléfono sonaba con nuestro secretario de estado ya metido en la cama, y Lissavetzky atendía la llamada de una madre angustiada que al otro lado del teléfono le trasladaba, -completamente convencida-, la inocencia de su hijo, cuando todo demostraba lo contrario.

 

El doping, -y todo el negocio que genera-, existe y lo hace como perversión del sistema, como existen otras organizaciones delictivas, otras perversiones, pero de ahí a catalogar a nuestros deportistas, directivos y responsables políticos como incentivadores y/o consentidores es, simplemente, faltar a la verdad.

 

El sistema oficial, funciona. Nuestra cultura de denunciar comportamientos ilícitos, me temo que no. ¿Vamos a seguir escandalizándonos, pero al mismo tiempo, seguiremos diciendo el famoso “no es mi problema”?

 

 

 

                                                                           EGC. 13. diciembre.2010.

 

P.D. Lamentable la “sobrada” del Barça en su viaje a Pamplona. Valencia, Atlético de Madrid y muchos otros más modestos, le dejaron en evidencia, desplazándose el día anterior, en autobús. Guardiola, -aunque luego se disculpó-, terminó de emborronarlo todo con la paletada “del país de ahí arriba”. 


Comentarios
erroe
martes 14 de diciembre de 2010 a las 15:46 horas
No estoy de acuerdo con quienes dicen que “esto era un secreto a voces”. No, absolutamente, no. Me niego -por sensación y por información- a aceptar que este delito está anclado en nuestro deporte.

Pues que quiere que le diga pero sólo hay que estar cerca de deportista de élite o incluso amateurs dedicados a su deporte para darse cuenta...
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