En la realidad concreta de las decisiones políticas en cada momento pueda haber una disparidad entre lo que objetivamente sea necesario para conseguir unos objetivos que todos compartimos y los fines particulares de los que han de administrar la consecución de esos fines. Esto no se resuelve en la teoría de las ideologías, sino en la práctica política concreta de cada momento.
Los resultados de las elecciones de “mediados de legislatura” han dejado al sistema político norteamericano ante dos opciones diametralmente opuestas y, según predomine una u otra, las condiciones a corto y largo plazo para sus habitantes, e indirectamente para el mundo, serán muy diferentes. Dado el sistema de equilibrios de poder (Presidencia, Senado, Cámara de Representantes) los miembros de estas instituciones pueden entender que el resultado de las elecciones ha facilitado las condiciones para una colaboración entre todos para llevar a cabo lo que todos dicen que es necesario hacer: reducir el déficit, elevar la competitividad de la economía norteamericana, crear puestos de trabajo y hacer un país más seguro o, por el contrario para que se pierdan en una lucha encarnizada por puestos de trabajo políticos (el primero de ellos la Presidencia) en un momento en el que ni las circunstancias, ni el tiempo, ni los demás, perdonan.
De momento, por lo menos retóricamente, todos hablan de trabajar juntos para conseguir puestos de trabajo para los norteamericanos – jobs y “putting together” son las palabras más repetidas estas semanas a lo largo y ancho del país- . Y eso no sólo se refiere a la gente que lo único que puede hacer es “to be together” en familia en esta semana de “Thanksgiving”, sino a los políticos, lo cual ya es una ventaja con respecto a nosotros los españoles, por ejemplo. Pero lo que hace falta es ver si eso va a ser posible en la práctica.
Aquí ya se han preguntado seriamente sobre qué es lo importante y puesto que por todos los lados del espectro político se está de acuerdo en que el tema económico es “el tema” con diferencia a todos los demás, los políticos, juntos, han tomado medidas al menos, para definirlo conjuntamente, al margen de lo que desde cada partido y, por supuesto desde la sociedad, surja. Esto ya es digno de admiración.
Dos grupos de reflexión bipartitos acaban de presentar los borradores que consideran deben de dar lugar a medidas del Congreso y la Presidencia para poner en orden la economía norteamericana de forma urgente. Uno es la “Comisión Fiscal” nombrada por el propio Presidente con miembros demócratas, republicanos y expertos independientes y otro es el un grupo de trabajo del Centro Bipartito de Política, que está formado por antiguos Senadores de ambos partidos.
Sus propuestas, consensuadas, son casi idénticas, lo que indica que aquí, por lo menos cuando se enfrentan a un problema serio, saben distinguir lo que es necesario para todos y lo que forma parte de la lucha por puestos políticos. Sus conclusiones son un conjunto de duras verdades sin contemplaciones. Estas son:
1) No se han de dar mensajes falsos de recuperación inmediata, pues consideran que en el mejor de los casos, si se toman las medidas que proponen, aquella se podría empezar a vislumbrar a comienzos de 2012. Siendo así las cosas, no creen posible que al Gobierno Federal le baste con recortes de gastos, sino que habrá que aumentar los impuestos. Ambos partidos por tanto, se mojan: los demócratas reconociendo que el Presidente no debe, como ocurre en España, crear expectativas falsas en un período en el que va a optar a la reelección , pero también los republicanos, advirtiendo a sus correligionarios que no deben de ilusionar al pueblo con el señuelo de rebajas de impuestos. Es interesante resaltar que los miembros del Centro, más alejados del día a día de la política consideran que hay que empezar primero por aumentar los impuestos y algo más tarde recortar los gastos. Esto es una advertencia bipartita al Tea Party, de que no es conveniente hacer demagogia con la mera reducción de gastos.
2) Parte del dinero necesario para cubrir el déficit ha de salir de un incremento de la imposición real sobre la renta, modificando los tipos en el sentido de una menor progresividad y eliminando exenciones. La Comisión preferiría que esa reforma del Impuesto sobre la Renta cubriera un tercio del déficit y que el resto se hiciera mediante recortes de gastos y el Centro prefiere que el recorte de gastos signifique el 50% y el incremento de impuestos resulte de una combinación de reforma regresiva del Impuesto sobre la Renta y un incremento del IVA. Es digno de mencionarse que lo más duro desde el punto de vista “igualitarista” lo propone el grupo más directamente involucrado en la política (la Comisión) lo que indica la responsabilidad de los legisladores. ya sean demócratas o republicanos.
3) En el recorte de gastos dicen claramente que tiene que meterse la tijera en Defensa, Seguridad Social y Asistencia Sanitaria. De modo que aquí se mojan tanto “halcones” como “palomas”. La Comisión considera, inclinándose en este caso hacia el espíritu de los actuales Republicanos, que en cualquier caso hay que poner un tope a los gastos, que no podrán pasar del 21% del PIB, sabiendo que ello haría imposible cubrir al nivel de hoy las necesidades futuras de crecimiento y envejecimiento de la población y de mejora del sistema público de educación. El Centro, más cauto, considera que el tope ha de ponerse más adelante, una vez que ingresos y gastos hayan entrado en un cierto orden.
4) En cuanto a la partida más importante de la Seguridad Social, las pensiones, estando ambos de acuerdo en que hay que sanear el sistema incrementando las aportaciones y reduciendo las prestaciones, las diferencias se refieren sólo al carácter lineal o no del recorte en saldo de bienestar que ello representa, siendo de destacar una vez más que son más radicales en ello los miembros de la Comisión.
5) En relación a la Asistencia Sanitaria pública, que en Estados Unidos cubre exclusivamente a sectores débiles, ya sea por rentas bajas o por jubilación (Medicaid y Medicare) ambos están de acuerdo en que hay que reducir las prestaciones o, en su defecto, aumentar las aportaciones, o reducir los casos de elegibilidad para ser beneficiario.
6) Y están de acuerdo en que hay que acelerar la discusión de la reforma sanitaria, es decir, afrontar el debate sobre el proyecto de Obama, con el objetivo de hacer el sistema más eficiente y, en lo demás de la ley -que es lo conflictivo- cualquiera sea el resultado, que se deje de “marear la perdiz” y se calmen las políticas republicanas de obstrucción con el objeto de revocar enteramente el proyecto.
Los políticos partidistas en activo pues no pueden quejarse de no tener un plantel de ideas consensuadas ya, entre relevantes personas de ambos bandos, que permitan compartir las consecuencias políticas del sacrificio que hay que pedir a los ciudadanos. Pero eso no quiere decir que, en la práctica, vayan a escoger el camino de lo que en su interior consideran necesario hacer, sino que pueden inclinarse por la lucha partidista, regalando los oídos de los ciudadanos con demagogia, ya sea en el sentido de impedir que repita mandato un Presidente “atípico” (intelectual, negro, simpático a los extranjeros, de nombre raro) que, dicen los del Tea Party, ha erosionado la fortaleza de este gran país, forjado, dicen, sobre el espíritu individual y el recelo a que el estado haga mal lo que los individuos hacen bien, o ya sea por parte demócrata para impedir que esos americanos “rednecks” (catetos) no entren en el poder, vía Tea Party, y desestabilicen, con su simplicidad, una sociedad sometida al miedo de la pérdida de bienestar y de influencia en el mundo. Todo es posible.
Y como todo es posible es por lo que se ha producido una de esas raras ocasiones en la historia de Estados Unidos en la que la autoridad del dinero (la Reserva Federal) de forma autónoma, sin presiones del Congreso, haya hecho lo contrario a lo que están acostumbrados los americanos y los mercados: aligerar por su cuenta la política monetaria para, directa y explícitamente, crear puestos de trabajo. Es la consecuencia del impasse en el que se encuentra la política en Estados Unidos, pues siempre en su historia era el Congreso (Representantes y Senadores) el que, teniendo que dar la cara ante los ciudadanos, pedía medidas monetarias laxas y era la Reserva Federal la que se resistía. Ante la inacción política y el convencimiento de que, pase lo que pase cuando el nuevo Congreso se constituya y, más aún, después de las elecciones presidenciales de 2012, a los americanos no les va faltar un arma con la que luchar contra la erosión de la competitividad de su economía: la devaluación del dólar, que va contra todos nosotros.
De manera que, por el bien de todos, es necesario que esas propuestas duras, pero realistas, que son capaces de hacer los políticos cuando se reúnen cara a cara y se dicen la verdad, y no se lanzan discursos demagógicos, salgan adelante.
*Catedrático de Historia Económica UAH
en University of California, Davis
jose.morilla@uah.es
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