El último buen salvaje
por Uno de la Redacción

MARTES 23 DE NOVIEMBRE DE 2010 A LAS 17:58 HORAS
Opinión > Cultura
 
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PEDRO P. HINOJOS

Lamentaba Rousseau desde su corazón ilustrado que el hombre nace libre pero en todas partes está encadenado. Un pensamiento demasiado hermoso y esperanzador para ser cierto, al menos en lo primero, como enseña el parte diario de nacimientos de la humanidad desde el comienzo de los tiempos. Antes incluso de conocer este mundo, las criaturas que se incorporan a la gran familia humana ya cargan con grilletes invisibles en manitas y pies: algunos les harán daño y les acompañarán siempre; otros solo le dejarán su marca; y los más afortunados apenas los notarán. 

De esa esclavitud de cuna no se libran ni los buenos salvajes, a los que reverenciaron precisamente en el Siglo de las Luces. Incluso aquellos de origen desconocido, alejados de todo contacto con la sociedad, como los célebres niños ferales Víctor de Aveyron y Kaspar Hauser, retratados para el cine por François Truffaut y Werner Herzog respectivamente, acarreaban yugos en su destino. A este grupo también pertenece en el presente Marcos Rodríguez Pantoja, el hombre que vivió en Sierra Morena hasta los 19 años en compañía de una manada de lobos.

El cineasta Gerardo Olivares ha recogido la increíble historia de este Mowgli ibérico en la película Entre lobos que se estrena esta semana. Vendido por su padre a un pastor y abandonado luego en mitad del monte con solo siete años, Marcos solo encontró el calor de los lobos, como un cachorro primero y como un macho cazador más después.  ‘Rescatado’ por la Guardia Civil, llevó luego una vida de paria, ignorante e ignorado por todo el mundo, hasta que un policía jubilado se hizo cargo de él, llevándoselo a su casa de Galicia para que cuidara de su huerto. Con 64 años, allí vive ahora en contacto con el campo y los animales, apreciado por los vecinos y aprendiendo cada día cosas nuevas como el niño que aún es, según su mentor. Entrevistado por Televisión Española, se le pregunta si vive bien. Contesta que sí, aunque dice echar en falta muchas cosas. La que más, formar una familia. “Con una mujer como yo”, aclara el último buen salvaje.


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