Hay un dato revelador de la inteligencia catalana: la abstención en sus elecciones va a ser histórica. El desapego es un tipo elegante de desprecio, aunque estéril a efectos de inmunización institucional: voten pocos o muchos, los ganadores ejercerán el poder con la misma autoridad e idénticos recursos. Es probable, pues, que el voluntario ejercicio de indiferencia electoral sea en realidad una arcada inducida: a Mas, y a Menos, le gustan tontos, como a cualquiera que aspire a gobernar.
Ocurre, esta vez, que la exaltación ha alcanzado el paroxismo y los vencedores corren el riesgo de atragantarse con su menú: el que no dispara a negros, persigue a España por ladrona; el que no enseña media teta, expone el culo entero; y el que no reparte certificados natalicios, pasea el propio a modo de derecho de pernada.
El porno catalán, en versión original, casa mal con la presunta cultura, el supuesto sentido común y la aparente mentalidad del catalán medio, tan estereotipado como su alter ego: aun con buena intención, entregar virtudes a territorios o nacionalidades como si fueran personas o animales avala el estigma opuesto. El catalán sensato y el catalán tacaño son el mismo, y o no existen o no debieran existir salvo en el imaginario literario de Marsé, cerca del estantedel madrileño castizo de Ramón de la Serna.
El porno catalán, en versión original
Y ahora, los datos, tras la pesada digestión: la economía catalana creció cuatro veces menos que la madrileña en el tercer trimestre del ingrato 2010. Y su consecuencia: se pretende ahora conseguir por lo militar de un concierto económico nuevo lo civil de una ganancia mayor derivada del talento, la capacidad y el esfuerzo.
Madrid no ha pedido un cupo vasco ni un régimen foral navarro; tampoco se considera atracada por los andaluces ni pretende que cada euro depositado en la caja común revierta en un euro invertido en sus necesidades: quizá sentirse querido, o no despertar recelos al menos, sea la mejor manera, en fin, de obtener beneficios.
Aunque sólo sea, molt honorables, porque a este paso les van a dar La Vaquilla de Berlanga en lugar del vellocino de oro.
De mi cosecha, como pequeño homenaje a ese gran catalán y nebuloso humorista que se llamó Eugenio: “Saben aquel que diú, que era un político catalán que abandonó el proyecto de creación de un estat independent catalá por demasiado caro”. Bueno, no hace falta que se rían todos a la vez, sobrado sé que el chiste es malo y no sólo de napias.