Hace unos días un ciudadano acudió a nuestras oficinas de Madrid. Llevaba unos días, nos dijo, con molestias en el ojo derecho y había acudido a su médico preocupado. Éste le tramitó una consulta con el especialista y, un día después, recibió una llamada desde el centro hospitalario donde le comunicaban que su cita con el oftalmólogo había quedado fijada para el día 15 de junio.
Al principio nuestro hombre, que no es precisamente un asiduo de los médicos, creyó que se trataba de una broma, pero al otro lado del teléfono una voz, neutral y aparentemente normal, ya le estaba dando la hora y el nombre de la doctora que le había correspondido. Seguramente la voz anónima, neutral y aparentemente normal, tenía prisa. Seguramente tenía mucho trabajo que hacer y seguramente sería muy eficiente y muy eficaz.
Nuestro hombre trató de decirle que en los ocho meses que debían transcurrir hasta que le atendiera el oftalmólogo tal vez ya no necesitara que lo viera nadie. Si en ese tiempo, razonó, se le habían quitado las molestias lo más probable es que anulara la consulta. Si por el contrario éstas seguían, podría suceder que fuera demasiado tarde. Conclusión. Las posibilidades de que nada hubiera ocurrido en todo ese tiempo y de que, por consiguiente, la visita al médico en junio de 2011 sirviera para algo eran prácticamente imposibles. La voz anónima, neutral, aparentemente normal y seguramente muy eficaz y muy eficiente le contestó que lo comprendía pero que eso es lo que había y punto.
Desde CECUMadrid le aconsejamos, sin mostrar demasiado nuestra propia impotencia, que presentara una carta ante el Defensor del Paciente, el hospital en cuestión y la Consejería de Sanidad, explicándoles la situación y advirtiéndoles de que, si a lo largo de esos ocho meses de espera las molestias del ojo se convirtieran en algo más que molestias, y además ya fuera muy tarde para intentar algún arreglo factible, les hacía responsables de las consecuencias que se pudieran producir.
Nuestro hombre se marchó, no contento desde luego, pero al fin y a la postre, ¿qué otra cosa podía hacer? La presentación de la carta, aunque no garantizaba nada, no resultaba tan inútil como presentar un contencioso administrativo contra la Administración que, con mucha suerte, podría resolverse en tres o cuatro años.
Pero esto no es en realidad de lo que yo quería hablarles hoy, o no exactamente de esto. Estas cosas ocurren cada día, son algo normal y cotidiano en Madrid. Lo que yo quería comentarles es la entrada en vigor del Área Única y la libre elección de médico que ha puesto en marcha la Comunidad de Madrid.
¿Se solucionarán con esto los problemas del hombre de nuestra historia? ¿La centralización de la gestión sanitaria va a aumentar la calidad del sistema? ¿Responde esta iniciativa a lo que de verdad demandan los ciudadanos? Yo quería hablarles de esto, pero lo cierto es que sólo me ha quedado espacio para hacer algunas preguntas. El próximo día hablaremos del Área Única. |