" Ay mísero de mí, y ay infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo. Aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido; bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681)
Uno se plantea ¿Por qué no?
Qué nos impide dar un paso y enfrentarnos a nuestras insatisfacciones, con una obra densa, profunda, grandiosa…
Qué nos impide ignorar don Juanes, comendadores, Ineses, Brigidas... dar el salto de los amores posesivos, de galanes arrogantes, cobardes ante el compromiso, que traen muerte y sufrimiento.
Alcalá es una ciudad que sabe ver teatro cuando lo mira. “El don Juan de Alcalá ” ha contribuido a ello. Como lo ha hecho el teatro salón Cervantes, el Corral de Comedias, la sala Margarita Xirgu, el auditorio Paco de Lucía, el festival de teatro, las diversas compañías locales(no puedo evitar mencionar de forma muy especial al grupo T.I.A.), y los talleres teatro y danza de institutos, escuelas y particulares.
Hace tiempo que El Don Juan pesa. Lo que pesa, pasa. (Los imperdonables fallos de sonido lo confirman.)
Los ciudadanos de Alcalá estamos capacitados para gozar profundamente con “La vida es sueño” de Calderón o “la Numancia” de Cerbantes.
Ambas, son obras con enjundia suficiente para soportar un siglo de representaciones, en distintos escenarios. Mejor que el Don Juan.
Ambas participan de las pulsiones de la vida y la muerte. Mejor que el Don Juan.
Ambas son un par de vueltas de tuerca a las neuronas.
Ambas son un reto mayor para el espectador.
Ambas aportan un regalo espiritual más sabio, entre sus versos
Miguel de Cerbantes fue bautizado en Alcalá de Henares.
Calderón de la Barca estudió en la universidad de Alcalá de Henares algún tiempo.
Dos seres, que en alguna medida, aún hoy, son parte de Alcalá.
Dos de los genios de la literatura, con obras teatrales, altamente nutritivas para los alcalaínos, pueden andar pensando en el Parnaso
¿Por qué no?
Con La Numancia, los espectadores podremos juzgar si Miguel de Cerbantes, además de ser novelista, era también poeta y dramaturgo. Incluso podremos valorar su nivel, de primera oreja. Conoceremos un poco mejor al ser del que tan orgullosos nos sentimos, por ser sus paisanos.
Con “La vida es sueño”, podremos comprendernos un poco mejor a nosotros mismos, a nada que empaticemos con los personajes, en sus tragedias.
Todo son ganancias.
¿Por qué no?
El “don Juan” no da para más.
Uno de la muga |