'Causa Abierta' cede hoy la palabra de nuevo, como firma invitada, al periodista Fernando Codina, que enlaza una reflexión sobre el servicio que más necesitamos todos en algún momento de nuestras vidas. Sí, se trata de la Sanidad, un apéndice fundamental de eso que llamamos Estado de Bienestar y que no siempre cumple su cometido. Merece la pena leer los casos personales que nos narra Fernando, una metáfora de un fenómeno que quizá hemos sufrido todos en nuestras propias carnes. Adelante, pues. Paula Ballesteros.
Sobre las carencias de la sanidad pública en España

Por Fernando Codina
Muchas veces, la mejor manera de comprender un problema es precisamente el acudir a la fuente más directa, o al marco jurídico que lo legisla. Por eso, es interesante recordar algunos aspectos muy concretos de la Constitución Española de 1978, cuyo Artículo 43
Protección a la salud establece que:
“1. Se reconoce el derecho a la protección de la salud. 2. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto.”
En este sentido, cabe destacar que España tiene uno de los sistemas sanitarios más equilibrados de Europa… y por supuesto, mucho mejor que el de Estados Unidos, donde no existe como tal[1]: si no puedes pagar, no recibes tratamiento, es tan fácil como eso. Sin embargo, eso no quiere decir que no se produzcan fallos, algunos de ellos clamorosos; algunas leyes que llegan demasiado tarde; la libertad de aplicación en las diversas autonomías también genera diferencias importantes en determinados tratamientos; y siempre pueden darse actuaciones incorrectas o poco éticas… Y sobre todo esto, y un par de cosas más, reflexionaremos a continuación… mediante una serie de ejemplos…
Hoy es un gran día para Magdalena N.R. porque, con un poco de suerte, le confirmarán una plaza para su madre, Claudia R.G., en una residencia de ancianos pública, aunque la espera ha sido muy larga, más de tres años. Magdalena siempre ha sido una mujer fuerte: ha logrado que sus dos hijos terminen los estudios gracias a las horas extra en una empresa de limpiezas “de fin de obra[2]”, y durante los últimos cinco años nunca ha dormido más de tres horas seguidas: su madre tiene demencia senil, y hace falta tenerla atada con correas para evitar que se lesione... y por no variar, ninguno de sus hermanos quiere hacerse cargo de ella…
Cuando discutieron la Ley de Dependencia, la famosa Ley 39/2006, de 14 de diciembre de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia., Magdalena notó que le quitaban un peso de encima, sobre todo con la posibilidad de ofrecer “una atención integral durante el periodo diurno o nocturno a las personas en situación de dependencia, con el objetivo de mejorar o mantener el mejor nivel posible de autonomía personal y apoyar a las familias o cuidadores”, pero que en su caso no ha tenido efecto alguno… Magdalena quiere muchísimo a su madre, por eso se ha volcado en ella, día y noche, pero ella es la primera en reconocer que no podía más…
Algunas veces, las leyes llegan tarde… otras, su aplicación varía tanto en función de la Comunidad Autónoma de residencia, que lo ideal sería poder cambiar de domicilio en función del problema físico que se padezca. Y en algunas ocasiones, esto da lugar a posibles agravios comparativos. Hace unos días, pude ver un reportaje televisivo sobre la acondroplastia, que antaño se llamaba enanismo, y resulta que el tratamiento[3] es gratuito en Cataluña (entra por la Seguridad Social), pero no en el resto de España. Por lo tanto, Miguel A. P. he tenido que cambiar su residencia de Madrid a Barcelona para que su hijo reciba los mejores cuidados posibles.
Y de todas formas, tiene que abonar en metálico el coste del tratamiento. Es un procedimiento lento y doloroso, aunque consigue mejorar la calidad de vida de los pacientes, en cosas tan sencillas como poder alcanzar los botones del ascensor, que te puedas subir al taburete de un bar, o que te vean en el mercado, o simplemente llegar a la encimera de la cocina en tu propia casa… cosas que a todos nos parecen muy normales, ¿verdad? Bueno, pues si tienes 24 años y mides 105 centímetros, tu vida puede ser muy complicada.

El genial Forges, con una viñeta que vale por mil palabras
Muchas veces, se toman decisiones polémicas, o que resultan muy difíciles de explicar… Hablemos de dos personas, Pilar R.M. y Manuel O.L. Pilar R.M. tiene setenta años, y desde hace veinte presenta cuadros asmáticos agudos, que requieren el uso de inhaladores (concretamente, PULMICORT TURBUHALER) dos veces al día… Y cada inhalador cuesta 29,04 euros, y no está financiado. Pilar R.M. también tiene una discapacidad auditiva importante, y necesita audífonos, para poder escuchar a la gente; y cuando se le rompen, tiembla, porque cada uno de ellos cuesta alrededor de 400 euros, y no está financiado.
Hace un par de meses, se le rompió una muela, la extracción era gratuita con la Seguridad Social, pero no el diseño y colocación de la prótesis (lo más barato, el puente; el implante queda descartado por su coste, superior a los 1.000 euros).
Por cierto, Pilar está jubilada, y es viuda, siendo la pensión su única fuente de ingresos… ¿comprenderás que rece todo lo que sepa, para que no se le junten demasiados gastos médicos el mismo mes, verdad? Y todos ellos son importantes, pues se trata de oír, comer, respirar… y de momento, tiene la gran suerte de que el último par de gafas que se compró está en perfectas condiciones… Manuel O.L. tiene treinta años, y está muy contento, porque ha superado las últimas entrevistas con psicólogos, orientadores sexuales y trabajadores sociales.
Ha sido un procedimiento muy largo, y muy complicado, conseguir que le aprobasen el cambio de sexo, y una lista de espera cercana a los tres años, pero ha valido la pena. Dentro de tres días, por fin, entrará en quirófano, y le extirparán el pene y los testículos, creando una vagina artificial. El coste en centros privados es de 18.000 euros… y queda cubierto por la Seguridad Social…
Luis H.J. tiene ochenta años, es pensionista, pero cobra lo mínimo. Lleva seis días sin comer nada, al margen de potitos, y de purés. Vive en una corrala con el baño en el pasillo, y la otra noche se le rompió la dentadura postiza. Hacerse una nueva le cuesta más de 400 euros, pero con una pensión de 500 euros al mes, no se puede permitir el gasto. Ha pedido a su hijo que le ayude, pero de todas formas, tendrá que aguantar… No está cubierto por la Seguridad Social.
María F.C. tiene dieciséis años, y desde hace seis meses está muy deprimida. No está segura de la causa, pero no tiene ganas de vivir. Su médico de cabecera la ha derivado a la unidad de psiquiatría, donde le dan cita para un mes después, a la una de la tarde (tiene que salir antes del instituto). La facultativa llega una hora tarde, y después de pedirle que haga un test estándar de 40 preguntas, le da cita para dentro de dos meses, aunque insiste en que necesitaría terapia semanal. María F.C. se lo dice a sus padres, quienes localizan un psiquiatra privado, que cuesta 80 euros la sesión. Gasto no financiado, por supuesto.
Ángel R.M. tiene siete años y padece una alergia alimentaria. Al principio, sus padres pensaron que “el niño no quiere comer”, pero las pruebas que le han realizado en el Ramón y Cajal (su hospital de referencia) demuestran que es celiaco, y que además tiene intolerancia a la lactosa, lo que complica muchísimo su dieta. Necesita productos específicos, que sus padres compran en internet y en ciertas tiendas… Por supuesto, ninguno de estos gastos está financiado.
Todos estos casos son reales, aunque los nombres han sido cambiados. Y todos los que trabajamos pagamos impuestos (siempre que no cobremos en negro, claro está). Todos los años se debaten los Presupuestos Generales del Estado, y buena parte de ese dinero sale (indirectamente) de nuestros bolsillos. Pues bien, creo que deberíamos tener alguna posibilidad de decidir sobre el uso de tanto dinero.
Por ejemplo, reduciendo las partidas de armamento, o destinándolo al desbrozamiento de los montes y zonas boscosas, o a la conservación del patrimonio. Y sobre todo, teniendo en cuenta que cada año nuestra población envejece más, y que tienen necesidades específicas, habría que tratar de atenderlas como es debido, potenciar la implantación de medicamentos genéricos, y subvencionando aspectos muy concretos con un poco de lógica y criterio… Puesto que con el coste de una sola intervención de cambio de sexo, se pueden comprar muchas dentaduras postizas, gafas, y audífonos…
[1] Aunque la atención sanitaria es, probablemente, la mejor del mundo para los ricos, su alto coste y la poca intervención estatal implican que ésta es precaria e incluso inexistente para los pobres y desempleados. Un 15% de la población estadounidense carece de seguro médico, y los programas financiados con fondos públicos, Medicare y Medicaid, sólo cubren a personas mayores de 65 años, a los minusválidos y los muy pobres. Ten en cuenta que el tratamiento “gratuito” no existe en Estados Unidos, ni siquiera en los hospitales públicos. Toda la atención sanitaria, incluidas las urgencias, tiene que pagarse, ya sea personalmente o a través del seguro. En muchos hospitales de las ciudades suelen tener una clínica de urgencias que atiende casos grave y es menos cara que un hospital normal o una clínica, pero aún así hay que pagar.
[2] Se trata de una operación de limpieza intensiva, que las empresas pueden contratar cuando han efectuado alguna labor de reforma en sus instalaciones. Casi siempre se realiza contra reloj, y trabajando a destajo. Por el tipo de productos que se utilizan, pueden darse intoxicaciones… pero no suele haber quejas, por el tipo de contratos... y menos aún con la precariedad laboral…
[3] Se puede iniciar a partir de los 13 años, básicamente en niños que no alcancen la talla adecuada en quienes padecen este mal. Consiste en la fractura quirúrgica de tibia y peroné de las dos piernas, insertando una serie de clavos y un mecanismo expansor regulado por tornillos. Cada día se da una vuelta, el callo óseo se vuelve a romper, y al finalizar, se puede conseguir un crecimiento de 30 centímetros. La misma operación se repite después en los huesos del antebrazo. La Unidad de Patología del Crecimiento y Fijación Externa es el centro de referencia en Catalunya para el diagnóstico y tratamiento de la acondroplastia, otras displasias, y otros trastornos del crecimiento y tiene acuerdos con diferentes comunidades autónomas para la atención y tratamiento de las displasias esqueléticas. Ubicada en el USP Dexeus, se trata de una unidad multidisciplinar formada por el Dr. Ginebreda -traumatólogo y cirujano ortopeda-, el Dr. Gairí -pediatra- y la psicóloga Miriam Pérez, que hacen una valoración global de cada caso.
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