
ANTONIO CAMPUZANO.
La derecha no suele ser tonta y mucho menos “tontadeloscojones”. Cuando no tiene primarias, por algo será. Borrell salió elegido en primarias hace algunas temporadas y, francamente, aquello salió mal: primero por el propio Borrell, y luego por el propio Almunia. Al parecer, estatutariamente, los plazos que se dan para designar los candidatos electorales, son cortos. Pues cámbiense los plazos en el próximo congreso. Véndase como se venda, ocho meses antes de unas elecciones, sacar a la plaza pública a un nuevo candidato provoca algún sarpullido. Además, tanto tiempo sin democracia externa, aquella noche eterna e inolvidable del franquismo, provocó en los inicios de la transición ansias de libertad y todas aquellas cosas inherentes a la recuperación de la democracia.
Recuperada a su vez la democracia externa, la que permite elegir a diputados, senadores, diputados autonómicos y concejales, hay mucha gente dentro del partido socialista que se considera suficientemente colmada con esa democracia externa, sin necesidad del recurso a la democracia interna. Aquí, en Alcalá, sin ir más lejos, hay dos corrientes distintas, dentro del socialismo local, presentables ambas, ambas con más virtudes que defectos. Una representa un socialismo por gobernar, la otra resulta conocida porque ya pisó las alfombras por encima de las cuales solo hay acuerdos y decretos, o sea gobierno.
Bueno, pues al final se corre el riesgo de terminar mal lo que antes estaba bien por causa de las diferentes maneras de entender la manera de litigar electoralmente contra Esperanza Aguirre. El sector ambivalente, que también existe, está en el deseo y el arrebato de llegar cuanto antes al 4 de octubre, el día después de las elecciones primarias, para que la declaración de unidad se proyecte sobre todos los espíritus de la pugna previa, se haga la paz, se haga la luz, y empiece naturalmente la campaña de verdad que terminará el 22 de mayo de 2011. Esa derecha incompatible con la tontería de que se hablaba al inicio, entretanto, no para de manifestar su contento, su incontenible alegría, su efervescencia festiva, máxime cuando está gobernando. |