ALONSO GUERRERO.
Habíamos albergado esperanzas de comenzar con buen pie este nuevo curso académico, pero de nuevo la política parece que nos lo va a impedir. Los políticos arreglando el sistema educativo me recuerdan a la mona Chita pintándose los labios con la barra de carmín de Jane. Llega septiembre y todas las luces de cabaret son desviadas a lo que menos importa, a la reanudación de la charlotada política. Los debates sobre los presupuestos, igual que en el puente sobre el río Kwai, nos rebajan e insultan pero, al menos, conservamos nuestra dignidad mirando a otro lado. El curso político es un curso de repetidores. Hemos construido una democracia que, como Casandra, está condenada a saberlo todo de antemano, y no poder remediar nada.
Este Gobierno, en el que la palabra socialista es un eufemismo, abrió las puertas a la inmigración para crear una economía esclavista que pudiera imponer después, con la crisis, al currante nacional. Ahora los sindicatos convocan una huelga sin voz, sin legitimidad, porque los sindicatos, como aquellos comunistas del proceso de Moscú, se han puesto en manos de sus verdugos. Somos incapaces de decidir nada, porque no creemos en acciones decisivas, en gestos que signifiquen algo. Las reformas de la enseñanza que se han hecho desde el año 90 han ido dirigidas a conseguir precisamente eso, que las próximas tres generaciones no crean en sus posibilidades, no crean más que en lo que les ordenan.
Mientras los socialistas buscan aprobar sus presupuestos antisociales, mientras pactan con partidos especializados en la mitad más uno, los recortes se realizan sobre mesas de autopsias. El más importante es el de la educación, pero eso ya lo diseñó Bolonia. Nadie entonces escuchó las voces en contra. La política sólo ve un derroche en poner las condiciones necesarias para que el ciudadano sepa cuándo le mienten, tenga criterio y prefiera que le ignoren a que le escupan. De nuevo, comenzamos el curso académico con la única capacidad de decidir si miramos hacia otro lado. Es lo que nos están pidiendo nuestros políticos desde que todas las brújulas apuntan hacia La Moncloa. |