Ayer, 21 de junio, comenzaron en Madrid las rebajas de verano. Tal vez sea uno de esos escasos momentos en los que podemos decir que estamos en un buen momento para comprar. ¿Y por qué animamos con tanto entusiasmo? Básicamente porque en las rebajas confluyen tres elementos que las hacen muy atractivas.
El primero de ellos es que las mercancías que se rebajan no han perdido calidad, es decir, estamos hablando de un producto que ha estado en los escaparates unos meses antes. En segundo lugar, por el precio. Ese mismo producto, de la misma calidad, lo podremos encontrar en las rebajas un 30 % un 40 % o incluso a la mitad de lo que costaba unos meses antes.
El tercer elemento de esta trinidad es que todo eso se puede hacer sin perder por ello ningún derecho. En la práctica es como si estuviéramos comprando en cualquier momento pero a la mitad de precio. Se mantiene el derecho de a reclamar si consideramos que no nos han prestado un buen servicio, podemos devolver el productos si este está deteriorado o incluso podemos pagar con tarjeta si el establecimiento en el cual vamos a realizar nuestra compras, admite esta forma de pago habitualmente.
Pero alguien podría preguntarse si todas estas ventajas teóricas se cumplen en la práctica. Pues lo cierto es que aunque no existe la seguridad al cien por cien las rebajas son, en un alto porcentaje, lo que dicen. Existen también varias razones para sostener esta afirmación.
La primera es que las rebajas están amparadas por una ley, que entre otras cosas dice que los productos rebajados deberán tener una doble indicación de precios. En el mismo producto deben figurar el precio al que se vendía con anterioridad y el nuevo. Esto permite comprobar la veracidad de la rebaja. En segundo lugar la ley prohíbe que se puedan fabricar productos destinados exclusivamente a las rebajas, que de esta manera podrían perder calidad. No son pues ni saldos, ni oportunidades, ni descuentos normales.
Otro aspecto que distingue a las rebajas es que tienen un tiempo limitado. La temporada de rebajas tiene unas duración de tres meses, pero los comercios no están obligados a permanecer durantes esos tres meses en rebajas, aunque para poder entrar han de tener al menos la mitad de sus productos rebajados, por un tiempo mínimo de una semana. Hay también unas fechas marcadas (no se puede empezar antes ni acabar después) pero el comercio, dentro de los tres meses que marca la ley, puede empezar la temporada cuando quiera.
En fin, como vemos todo son ventajas. Definitivamente es un buen momento para adquirir aquellas cosas necesarias. A esto se añaden un par de razones, coyunturales, aunque de peso: la subida del IVA y la crisis económica. Así pues hagamos un esfuerzo. Comprar en rebajas supone una pequeña inversión muy productiva. |