Sosiego
por Uno de la Muga

VIERNES 4 DE JUNIO DE 2010 A LAS 18:54 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Fray Luis de León
1527 Belmonte (Cuenca)- 1591 Madrigal de las Altas Torres (Ávila)
  Vida retirada


  ¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!       
    
  Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.            

  No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.                

  ¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?



La vida, a veces, nos pide sosiego. Un paréntesis en la acción bulliciosa, para rellenarlo de reflexiones y poder separar el grano de la paja. Momentos para rescatar lo importante de lo vivido y asumir los errores sin autoflagelaciones que nos multipliquen las tragedias personales. Tiempo para regresar a las montañas o los campos que parieron y cobijaron los ancestros donde sentir la naturaleza con toda su intensidad hasta encontrarnos y  reconocer al ser humano, siempre vulnerable que habita en nuestro interior.

Leyendo a fray Luis nos percatamos que esa necesidad, ese sentimiento no es nuevo. Cuando las circunstancias obligan al ostracismo, siempre queda la posibilidad del encuentro con uno mismo y el latir generoso de los campos, para rescatar lo sustancial de lo existido.

El reto en las tormentas es encontrar el sosiego para poder comprender las circunstancias adversas y encontrar las posibles salidas a los laberintos con monstruos agazapados con la intensa luz relampagueante de los rayos y escuchar sus rugidos sordos entre los truenos.

La tierra de los campos permanece al ritmo de las estaciones ajena a los pesares de los humanos pasajeros y caducos. La naturaleza exuberante borra las huellas de nuestro paso. Las raíces penetran entre las piedras de las murallas y las torres altas, hasta reducirlas al polvo. La vegetación invade los esfuerzos humanos por perdurar; borra escudos y blasones.

Si uno se tiene a sí mismo, nunca habrá perdido todo, aunque le encierren en una celda las envidias, como a Fray Luis de León.

Uno de la muga

 


Comentarios
uno de la muga
lunes 7 de junio de 2010 a las 17:48 horas
Amiga daniela:
Los que vivimos en la frontera somos incansables, los influjos nos mueven y el verbo se escapa por las yemas de los dedos. Mis ciclos de percepción y expresión están bastante arnonizados, lo que me permite seguir proponiendo ideas para ser compartidas.
uno de la muga
lunes 7 de junio de 2010 a las 17:47 horas
Amigo custode:
El placer es mío al saber que mis palabras son compartidas y útiles para usted.
uno de la muga
lunes 7 de junio de 2010 a las 17:46 horas
Amigo vic.
Me alegra ver como te nutren mis palabras. Tu escrito me parece muy nutritivo, casi tanto como lo que propongo. Recibe mi enhorabena y un abrazo.
daniela
lunes 7 de junio de 2010 a las 14:02 horas
Señor uno de la muga,en nuestro tiempo,sabiendo ya que la divinidad no se entretiene en desbordar ríos ni en rajar montañas,¿por qué no se toma un descanso?Se lo tiene bien merecido,a mi parecer.
custode
lunes 7 de junio de 2010 a las 11:58 horas
Saludos Uno de la Muga,su lectura me transporta a lugares donde las leyes son otras y los problemas cotidianos pamplinas.
Un saludo y un placer como siempre que le escucho.
vic
domingo 6 de junio de 2010 a las 19:27 horas
¡Qué bonito! Incluso puede que en las grandes ciudades estemos mucho más alejados de la naturaleza que lo conveniente. Necesariamente pertenecemos e incluso somos naturaleza, aunque caduca. Respiramos aire, nos alimentamos, somos una parte importante agua. Estamos a merced de las inclemencias: volcanes, inundaciones, huracanes… cuanto más nos alejemos de la madre naturaleza más desarmonía tendremos en nosotros. Tenerse a sí mismo. Conocerse hasta el punto de aceptarse en todos nuestros instantes. Equilibrios y tranquilidad que buscamos consciente o inconscientemente en lo natural.
Tenemos grandes similitudes con la madre. Está a nuestro lado y su realidad es determinante e influyente para con nuestros estados de ánimo. Nuestra composición química se haya en la naturaleza (agua, sal, calcio, hierro…)
Ese sosiego del cual habla usted, señor de la muga, y que nos pone frente a lo importante, alejándonos de lo urgente, se me antoja imprescindible, para avanzar hacia uno mismo. “El hombre y la tierra” El tiempo de la naturaleza.
“Ecopsicología” “Una psicología como si el mundo entero importase” “una psicología al servicio de la tierra” “Las necesidades del planeta son la necesidades de la persona; los derechos de la persona son los derechos del planeta” “los niveles más profundos de la psique se funden con el cuerpo biológico y con la corporeidad del mundo”
¿Algunos desequilibrios de nuestro tiempo vienen por alejarnos de la naturaleza?

Salud y amor a la naturaleza.
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