Las bienpagás
por Uno de la Redacción

VIERNES 14 DE MAYO DE 2010 A LAS 20:08 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

El funcionario no tiene nada, pero lo tiene para toda la vida", dijo el sarcástico León Bloy. Es precisamente esta circunstancia, estar a salvo de las novedades laborales, la que convierte al funcionario en un chivo expiatorio. El Gobierno opta por lo más fácil: bajar el sueldo a empleados públicos y pensionistas. Son los que nunca protestan, los borregos. No somos como Grecia, aseguró el Presidente, pero toma las mismas medidas que en Grecia. Sin embargo, aquí los funcionarios no se echarán a la calle, porque aquí son una muchedumbre, igual que los pensionistas. La publicidad, y más tarde la sociología, vieron en el siglo XXI un siglo de muchedumbres. Para eso está la Educación Secundaria, para eso está Bolonia, para que los individuos engrosen muchedumbres.


Cantaba Víctor Jara en uno de sus corridos: “Mi padre fue peón de hacienda, y yo un revolucionario, mis hijos pusieron tienda, y mi nieto es funcionario…" El funcionario es el último eslabón de una cadena de obediencia que poco a poco se convierte en ceguera. Siempre bajo la sospecha de no trabajar, de ganar demasiado, de ser un contestatario que no se rebela o un contemplador que no ve nada, el funcionario es el primero al que envían a la picota, para que el pueblo lo corra a penca y lo combata a nabo. Es lo que ahora hace el Gobierno: presentar un recorte social como una proeza de justicia social.


Los funcionarios, los pensionistas son sólo muchedumbres. La aristocracia se reserva para la casta política, para los liberados autonómicos, para aquellos a los que las etiquetas no les dejan ver lo que contiene el frasco. Las muchedumbres han ido más allá de la estadística, han salido de ella. Se las ha educado para que opinen, pero no reaccionen. Menos mal que Zapatero va a tener con la muchedumbre funcionarial, y con los pensionistas, una deferencia que no tendrá con los rentistas políticos: se reunirá con los sindicatos. No para que éstos acallen las voces de tres millones bienpagás, sino para que las saquen de manifestación, que están muy metidas en casa.


Comentarios
Luna López García
jueves 20 de mayo de 2010 a las 20:05 horas
Más que muchecdumbres, yo diría que los empleados públicos y pensionistas son sÓlo los chivos espiatorios a los que políticos usan como moneda de cambio. Impotantísimos son en época de elecciones ya que ese pelotón debe estar contento para que revaliden su mayoría y posteriormente son manipulados y acallados hasta por los propios sindicatos que los venden como si fuesen "Judas". Pero para llegar a esta situación ha sido necesario formar masa que no piensa, que los tienen manipulados por todos los medios de comunicación disponible, y que, aunque vivimos en democracia:"SEÑORES, LA DEMOCRACIA ES LA DICTADURA DE LA MAYORÍA".
María Mendieta
lunes 17 de mayo de 2010 a las 17:31 horas
Un artículo de la revista Nuevo Mundo escrito por Juan Ferragut en 1924 describe un panorama muy similar al de tu artículo. Todo son ciclos supongo...aunque me preocupa que en este ciclo la gente se sienta menos motivada a protestar. Hace poco oí en una entrevista a Zizek comentando que hoy día la gente espera tener una "revolución sin revolución". Hay demasiado miedo y pocas ganas de actuar.
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