Alberto Sánchez fundó junto a Benjamín Palencia la Escuela de Vallecas, anticipo de modernidad y vanguardia en la capital del Estado. Artista comprometido, vio sacudida su vida y obra por el exilio, ese camino común hacia el destierro que emprendieron todos aquéllos que anhelaban libertad y mayor dignidad humana.
En su exilio moscovita, donde muere en 1962, pierde el horizonte creativo y la referencia del paisaje castellano al que tanto contribuye a representar.
Ahora, la Comunidad de Madrid exhibe en el Complejo El Águila la exposición Monumento a los pájaros. Hito y mito que gira en torno a la restauración a partir de la recuperación de algunos materiales de la pieza Monumentos a los pájaros realizada en la Fundición Capa y que será cedida a la colección del Centro Dos de Mayo de esta Comunidad.
Esta escultura de doce metros de altura es ideada por su autor en 1931, con el deseo de instalarla en el Cerro Almodóvar de Vallecas, como protección para las aves. Con el paso de los años, se convertiría en una obra cargada de simbolismo y con un claro mensaje político, ya que desapareció durante la guerra civil.
La aportación artística de Alberto Sánchez refleja su vida miserable. Hijo de un panadero de Toledo y formado en el conocimiento a través de sus visitas al Museo Antropológico y al Museo de El Prado, su trayecto vital va acompañado de un instinto de superación muy importante.
Participa con la obra El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella –existe una copia que se encuentra a la entrada del Museo Reina Sofía– en el pabellón de la República Española en la Exposición de París en 1937, y en esta misión cultural coincide con Picasso y Miró, logrando su mayor reconocimiento.
Al finalizar la guerra, el Gobierno de la República le envía a la antigua URSS como profesor de dibujo de los niños españoles en el exilio. Allí verá cercenada de nuevo su creatividad por otro dictador: Stalin. Pero, afortunadamente, en este duro periplo aún tiene la oportunidad de realizar otros proyectos que animan su inventiva, construyendo los decorados de la película Don Quijote (1957) de Grigori Kózintsev.
Esta muestra, en la que también podemos apreciar bocetos, dibujos, un estupendo autorretrato y otras esculturas de bronce, es una ocasión excelente para valorar el talento de un artista que luchó durante toda su vida por alcanzar su sueño: volar en libertad.
La cita Hasta el 9 de Mayo. Sala de Exposiciones Águila, C/ Ramírez de Prado, 3 – Madrid. |