Cuando queda menos de un mes para que el cantante alcalaíno represente a España en Eurovisión, Marce y José Luis hablan de cómo era Daniel de 'pequeñito'.
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Como si estuvieran abonados a Televisión Española, la cadena pública se ha convertido en el hilo musical de la casa de Marce García y José Luis Diges. Ellos son los padres del alcalaíno del momento. Ese chico alto, de rizos dorados y sonrisa permanente que en menos de un mes defenderá su Algo Pequeñito en la edición de Eurovisión que se celebrará en tierras nórdicas. Con la misma gentileza que el joven cantante derrocha allí donde es llamado –programas de televisión, festivales benéficos, sesiones fotográficas para revistas o, el último sitio en el que ha estado, el Circuito de Jerez, donde los italianos le pedían autógrafos al confundirlo con el motorista Simoncelli–, su padre sale hasta el portal de su domicilio, en La Garena para recibir a este Diario.
Dentro de la casa, donde se trasladaron hace unos cinco años buscando un espacio en el que dar rienda suelta a su gusto por la jardinería, dejando atrás el barrio de Nueva Alcalá donde Diges pasó su infancia, está su madre; orgullosa del pequeño de la familia –el cantante tiene dos hermanas mayores–, buscando fotografías de Daniel en el extenso archivo que ella nutre con cada noticia, cada foto y cada video que sale de él en los medios de comunicación. Bajo ese gesto de admiración, como si ella fuera su fan número uno, para Marce , sin embargo, “todo lo que le está pasando no es una sorpresa. Él siempre ha sido un artista para mí”. “Se lo guardamos todo porque nos gusta y porque pensamos que en un futuro le hará ilusión conservarlo”, apunta José Luis.
Entre fotos de sus primeros ‘books’, ampliaciones de las instantáneas que le tomaron de niño vestido de tuno, en fiestas de cumpleaños o de bebé sobre la cama, cuando aún no le habían salido los rizos, “porque de muy bebé tenía el pelo liso, fíjate que curioso”, José Luis y Marce recuerdan cómo era su hijo de pequeño y en la adolescencia. Durante aquellos primeros años que vivieron con él, “porque Dani se fue pronto de casa”, explican. “Con 18 años se cogió un piso en Madrid para estar cerca de su trabajo –ya metido en la serie Nada es para siempre, de Antena 3–. Él siempre lo ha tenido todo muy claro, ha sido muy resuelto y se lo ha ganado con su propio esfuerzo, sin ayuda de nadie. De nosotros ha tenido nuestro total apoyo, pero en lo que respecta a su carrera, él se lo ha pagado todo. Ha invertido mucho en su formación”, valoran sus mayores. Entre risas pícaras, su madre busca la palabra más acertada para definir a su niño. Y la encuentra. “¡Siempre ha sido un zalamero!”, exclama. El próximo representante de Eurovisión, de chaval no era muy amigo de los estudios. “Con 15 años dijo que no quería estudiar. Sin embargo, ha acabado eligiendo una profesión –la de actor– en la que no deja de estudiar”, acota Marce. Cuando tocaba hincar codos, el alcalaíno echaba mano a sus armas para esquivar las tareas y librarse de un posible castigo. “En lugar de enfadarse o protestar, me decía: ¡Jo, mamá con lo que yo te quiero!”. Y con su carita de bueno se metía a los papás en el bolsillo mientras sus hermanas se quejaban porque, “claro, el niño” siempre parecía salirse con la suya.
Las ‘mates’, la historia, la ‘lengua’... no eran asignaturas que sedujeran demasiado a ese chico que prefería salir a patinar con sus hermanas a jugar al fútbol o dedicar el tiempo a tocar alguno de los múltiples instrumentos musicales que “le han apasionado siempre”, añade el padre. “Sí. De pequeño le llevaba a las jugueterías, pero él sólo le prestaba atención al xilofón, el órgano y los tambores”, recuerda Marce, poco después de contestar a la llamada telefónica que de repente recibe de Daniel y después de que, como politono, le sonará el Algo pequeñito en su móvil.
“Es un niño entrañable, nos llama constantemente”, anota José Luis, que disfruta como nadie acompañando a su chico allí donde puede. “Yo soy feliz yendo con mi hijo a ver una grabación, a una gala... Como cuando de pequeño lo acompañaba a los castings”. Pruebas de selección que con 14 años superaba, y con nota. “Por ejemplo, en la primera serie que entró, lo hizo como protagonista”, relatan mientras hojean, una vez más, fotografías de sus primeros trabajos y hacen memoria de cuando participó en los anuncios de El Corte Inglés, Gallina Blanca, Telefónica y “¡hasta chorizos Palacios!”, sonríen.
Aunque, si Marce tuviera que quedarse con alguno de los éxitos de “Dani”, sería “con los musicales”. Y ella no se ha perdido ni uno. Desde Hoy no me puedo levantar, el musical de Nacho Cano, pasando por High school musical hasta llegar Mamma Mia!, espectáculo con el que estuvo de gira hasta casi el mismo día en el que se proclamó representante español de Eurovisión.
Al margen de la vena creativa que, según sus padres, Diges “siempre ha tenido, moviéndose de un modo distinto desde que se apuntara a teatro con el grupo de Paz Carrero”, Marce y José Luis coinciden en señalar que su hijo se ha caracterizado por ser “muy natural. Desde siempre ha sido muy discreto, nada callejero, sí presumido pero no fanfarrón. Le gustaba que las chicas le hicieran caso, claro, era muy jovencito y salía en los póster de la ‘Súper Pop’; pero le molestaba que se refirieran a él más como ‘Gato’, su personaje en Nada es para siempre, que como Daniel”. “Nos decía: ‘¡Jo! Mamá estoy harto de que siempre me pregunten por mi personaje. ¿Es que se están olvidando de mí?”, recuerdan como anécdota.
Es hogareño, “como de niño que no era uno de esos chicos callejeros, le gusta estar con su mujer, con su hijo, pasear con ellos”. Es buen cocinero, “el otro día comimos con él en el jardín y nos hizo unos platos muy ricos y muy bien presentados”. Es atento, “mantiene el contacto con amigos de hace muchos años porque es consciente de que en esta profesión un día estás ahí arriba y otro estás abajo”. Así al menos es como sus incondicionales definen a quien pronunciará el pregón de las próximas fiestas locales.
Ahora, poco más queda que hacer las maletas para ponerse rumbo a la capital noruega. “Por supuesto que iremos con él”, ilusionados. Y quién sabe. tal vez su madre vuelva a estar al borde del desmayo, como el día en el que en aquella gala de TVE supo que él era el elegido. “Fíjate cómo estaría, que nada más saberlo subí a abrazarlo y él me preguntó si me encontraba bien. Yo le dije: ‘tranquilo hijo que de felicidad nadie se muere”.
Por Cristina Martínez
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