Hawking y la colonización de otros mundos
por Ismael Labrador

MIÉRCOLES 5 DE MAYO DE 2010 A LAS 10:30 HORAS
Opinión > Ciencia
 
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Recientemente Stephen Hawking volvió a ocupar espacio en prensa y medios de comunicación. En este caso no se debía al lanzamiento de un nuevo libro de divulgación astrofísica, campo que le ha reportado notables éxitos de público en el pasado, ni a la publicación de sorprendentes conclusiones acerca de la mecánica de los agujeros negros, una materia de estudio donde también ha logrado importantes avances y reconocimientos científicos. Hawking especulaba con un posible encuentro con civilizaciones extraterrestres, o más exactamente con la idea de que fueran ellos quienes nos descubrieran a nosotros. Su mensaje es claro: un encuentro de esta magnitud sería “perjudicial”. “Si nos visitaran, los resultados serían como cuando Colón llegó a América, algo que no salió bien para los nativos americanos”, es la lectura que hace del asunto.

 

Pero invirtamos los términos de la ecuación. ¿Y si fuéramos nosotros quienes emuláramos a Cristóbal Colón y nos embarcásemos con nuestras naves por el hiperespacio a la conquista de nuevos mundos? Lejos de las implicaciones filosóficas, políticas o sociales que este acontecimiento pudiera provocar, existe una laguna técnica que a menudo pasa desapercibida: ¿seríamos capaces de sobrevivir con éxito al aterrizaje en otros cuerpos del universo? Aquí el cine y la literatura de ciencia ficción muestra una imagen que dista mucho de la realidad.

 

Aparcar la nave y salir a darse un paseo por el planeta de turno parece una actividad de lo más común en las películas de este género. En algunas de ellas, incluso basta una simple botella de oxígeno para aventurarse en los nuevos mundos, obviando los peligros de la presión, la radiación o la gravedad del planeta en cuestión. Sin embargo, éstos no son los únicos inconvenientes con que se encontraría una hipotética misión de exploración hacia otros sistemas.

 

Dejando de lado el tema de la mayestática empresa que supone organizar un viaje a un planeta lejano, una vez llegados allí nos podríamos encontrar con la siguiente situación: no podemos levantarnos de la cama. Nuestro cuerpo está perfectamente habituado a un ambiente en el que la fuerza de gravedad es de 9,8 m/s2. Pero, ¿y si llegamos a un planeta más grande, con una masa mucho mayor que el nuestro y, por tanto, con una gravedad más intensa? No hay que marcharse muy lejos para hacerse con una idea aproximada de lo que supone un cambio brusco de hábitat gravitacional. En Júpiter, por ejemplo, una persona que pesara 80 kilos en la Tierra, vería multiplicada su masa por 2,5; esto es, daría en la báscula 200 kilos. Algo tan simple como levantar un vaso de la mesa o incluso alzar los brazos para ponerse un jersey se tornaría en una actividad cansada. Y viceversa. Hospedarse en un planeta cuya fuerza de gravedad fuera menor que la de la Tierra obligaría a un esforzado intento por adaptarse a nuevas rutinas, algo que en las películas de ciencia ficción no parece importar. En Saturno 3, Kirk Douglas convive junto a Farrah Fawcett en una de las lunas de Saturno, sin especificar en cuál de ellas. Incluso tratándose de Titán, la mayor de ellas, sería imposible que ambos pudieran darse sesiones de footing como lo hacen en el filme, ya que la gravedad superficial de este satélite es siete veces inferior a la de la Tierra.

 

Más complicado podría resultar darse un festín de huevos fritos en un planeta distinto a La Tierra. Encender un fuego o incluso hinchar un globo para una fiesta de cumpleaños podría suponer todo un reto a consecuencia de la presión atmosférica. En la Luna, donde no hay atmósfera, los astronautas notan cómo sus trajes se hinchan a consecuencia, precisamente, de la diferencia de presión con respecto a La Tierra. Al no tener que soportar el peso del aire sobre sus cuerpos, éstos experimentan una sensación nueva. Y a la hora de encender un fuego, la falta o exceso de presión y la ausencia de oxígeno constituyen grandes obstáculos.

 

La temperatura, gravedad y presión atmosférica son sólo algunos de los impedimentos que se obvian en numerosas aventuras de ciencia ficción que recrean la vida en otros planetas. Pero hay más, desde la ausencia de una atmósfera respirable hasta la presencia de agua. Sin embargo, puede que el mayor reto de todos no sea encontrar un mundo donde poder darse un paseo, sino uno en el que se pueda aterrizar. Desde que en 1995 se descubriera el primer planeta extrasolar, en los últimos trece años se han catalogado cerca de 300. Pero la gran mayoría de ellos son, como sucede en nuestro Sistema Solar con Júpiter o Saturno, de naturaleza gaseosa. Pese a que en nuestra barriada, de los ocho planetas que la componen la mitad tiene una superficie rocosa, más allá de los dominios del Sol parece que lo que imperan son los gigantescos mundos de gas. Con un panorama así, preocuparse por qué tiempo hará en ellos es una cuestión menor.

 

Nota: Artículo elaborado a partir de otro escrito por el mismo autor en la revista Espacio en junio de 2008.


Comentarios
el autor del blog
viernes 7 de mayo de 2010 a las 19:41 horas
A Alfonso Riascos: La historia de la humanidad está salpicada de encuentros entre dos sociedades con una gran diferencia tecnológica. Y el resultado ha sido siempre el mismo: la más avanzada se ha impuesto sobre la otra, explotando sus recursos en beneficio propio.

A Adolfo Flores: Evidentemente la declaración del señor Hawking es una opinión personal, no una aseveración científica. Sobre su pregunta acerca de si la ciencia pude determinar si hay o no vida extraterrestre, en eso anda la cosa. La astrobiología es aún una ciencia reciente. Y acerca del debate que propone entre el determinismo científico y el divino, personalmente me resulta más satisfactoria y armónica la explicación causal que nos brinda la ciencia acerca del universo y sus procesos que la que pueda encontrarse a través de la fe.

A Ricardo Barrera: Sí, aún estamos lejos del momento en que tengamos que emigrar a otros planetas, pero tenga en cuenta una cosa: si Marte no albergó vida en el pasado lo hará en el futuro, porque seremos nosotros quienes la llevaremos allí. A largo plazo, la única posibilidad de supervivencia para la especie humana es encontrar otros mundos donde instalarnos, aunque es muy poco probable que ese viaje nos toque hacerlo a usted y a mí.
AlfonsoRiascos dic_alfonso@hotmail.com
viernes 7 de mayo de 2010 a las 05:40 horas
Mi comentario es el siguiente el cientifico que coloco este ejemplo lo hace con la mentalidad del humano que es el que siempre está pensando en sentirse atacado pero la realidad es otra si yo tengo mas tecnologia que aquel puueblo trato lo menos posible entrometerme con ellos simple mente los estudiaria si quisieran conquistarnos con su tecnologia avanzada ya lo hubieran echo
Adolfo Flores
viernes 7 de mayo de 2010 a las 05:13 horas
Hawking afirma que es lógico aceptar la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra.Estos ET serían los descubridores de la vida humana. Declara el riesgo que el hombre abra su mundo a esa conquista que le sería perjudicial.
Parece imprudente esas declaraciones que no tienen mayor sustento que la simple declaración, sustentada solo en su cerebro matemático.
Otros científicos no comparten esa proposición, mas aún, discrepan con ella.

¿La ciencia puede determinar si hay o no vida extraterrestre?

Es una pregunta que hasta ahora no tiene una respuesta concreta.

Se invita a leer on-line: El determinismo científico versus el determinismo Divino. En el enlace:

http://www.scribd.com/doc/30707856/El-Poder-De-Dios-Fe-Y-Predestinacion



Ricardo Barrera
miércoles 5 de mayo de 2010 a las 20:33 horas
Creo que todavía existe mucha distancia entre los tiempos actuales y el momento en que nos ubiquemos en un planeta fuera de nuestro sistema solar. Considerando ademas que primero debemos arreglarnos entre nosotros antes de querer interactuar con seres distitos en todo a nosotros los humanos.
[1-4]

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