Miguel “El bisabuelo de la novela española” (Alcalá de Henares 1547- Madrid 1616)
“La cueva de salamanca”
“… … …
SACRISTÁN
En ella se hacen discretos
los moros de la Palanca;
y el estudiante más burdo
ciencias de su pecho arranca.
A los que estudian en ella,
ninguna cosa les manca;
viva, pues, siglos eternos
BARBERO
La Cuev[a] de Salamanca.
SACRISTÁN
Y nuestro conjurador,
si es, a dicha, de Loranca,
tenga en ella cien mil vides
de uva tinta y de uva blanca;
y al diablo que le acusare,
que le den con una tranca,
y para el tal jamás sirva
… … …”
Se oscurece el espíritu de nuestra universidad entre las dudas. Las grandes dudas.
La primera es saber qué derecho tiene la sociedad de condueños para tomar cartas en el asunto, como lo hicieron en la ocasión de recomprar las piedras, ya numeradas para ser trasladadas a las Américas, que hoy siguen siendo universidad.
La segunda: ¿Quién es realmente, el rector de la universidad?
La tercera: ¿Se está trasladando el espíritu de la universidad hacia la cueva de Salamanca para que adquiera magia y tesoros tan deslumbrantes como en la cueva de Alí Babá, que satisfagan las ambiciones de unos cuantos a costa de los alumnos y del futuro de la ciudad?
Prometí, tras las disonancias en el proceso electoral, mantener la boca cerrada para observar la danza, pero es que… en los dos primeros compases del vals, dos traspiés.
Primer compás: economizar aumentando el coste de las vicerrectorías, con el número de componentes.
Segundo compás: eliminar cualquier flujo de comunicación con el diario que informa a la ciudad.
¿Se caerá en el tercer compás?
¿Permanecerá tambaleante durante el tiempo de su mandato entre los empujones de los intereses de unos y otros?
¿Tan alto es el nivel de putrefacción que la oposición, con la nariz taponada por el hedor, necesita la boca para respirar al tiempo que traga? ¿Hay oposición que controle en la universidad?
¿Qué prestigios ganarán la universidad y la ciudad que presta su nombre durante los cuatro próximos años?
¿Cómo se va a conseguir mejorar el prestigio por los conocimientos que la universidad inyecta en los estudiantes, con más de lo mismo pero a lo bestia?
Lo que me alarma es que una universidad me provoque más preguntas, que respuestas me da. Los mordiscos al aire que algunos cancerberos de los infiernos del conocimiento pretendan regalar, a una voz del pueblo, no le afectan en absoluto. Los intentos de desprestigio personal sólo dejan en evidencia las incapacidades para dar respuestas.
Lejos de pretender despertar odios, sólo pretendo evidenciar a aquellos que avanzan a codazos a la altura del hígado, hasta el pódium, en la sombra.
Alcalá necesita una universidad seria y sabia. Para eso hay que invertir en investigación más que en obras y ladrillos; que, también. Pero la universidad no se puede permitir el lujo de rellenar bolsillos de codiciosos insaciables, a la sombra de la debilidad.
Uno de la muga |