En los tiempos que corren, con una inexistente ecuanimidad ni rigor a la hora de analizar las cuestiones que están sobre la mesa, y con una nula capacidad de juicio cegada por las sombras del odio hacia el que defiende una política diferente, no se podía esperar otra cosa. Es más, se veía venir porque durante varios años los lobbys ecologistas radicales y los resortes más politizados contra la Comunidad de Madrid ya habían advertido que, saliera lo que saliera, lo masacrarían. El Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Guadarrama se aprueba tras un proceso interminable y supone un primer paso para que Madrid proponga al Gobierno central la declaración de la sierra como Parque Nacional. Algo que en buena lógica debería concitar todo el apoyo de ciudadanos, ayuntamientos, asociaciones y colectivos, ha despertado las críticas de siempre, las mismas que tuvo la M-501 de la que ya nadie se acuerda y lleva año y medio ahorrando accidentes y atascos. Cualquiera que hubiera sido la redacción del PORN elaborada por el actual equipo de la Comunidad, el escándalo sería idéntico. Cuando se acaben por insolventes los argumentos centrados en desarrollos urbanísticos inexistentes, empezará el acoso a los campos de golf o hacia algo que parece ser ahora el último grito en agresión medioambiental salvaje: los circuitos de moto-cross.
Si existe una instalación hecha por la mano del hombre que más defienda el entorno natural donde se establece, esa es un complejo de golf. Lo escribe alguien que jamás ha cogido entre los dedos un palo metálico para golpear la pelotita, y que tiene además cierto recelo sobre los aficionados a tan selecta actividad. Pero de ahí a prohibir que se desarrolle con la libertad que permiten los actuales ordenamientos legales, entre ellos el medioambiental, va un abismo. La más absoluta demagogia que pueda imaginarse está ligada al rechazo por sistema a los campos con sus hoyos para practicar este deporte. Y sobre el cross, qué decir: desde hace décadas se celebran pruebas de esta especialidad en los montes madrileños, pero es ahora cuando hay que prohibirlos. Bien hará la Comunidad en perseverar en su esfuerzo para que desde los resortes del estado se acepte el Parque Nacional para Madrid y Castilla León. Tal vez entonces desaparezca el rechazo a la protección que ahora se plantea.
Por el fondo Al salir de la fila de escaños del Gobierno en la mañana del pasado miércoles, Alfredo Pérez Rubalcaba ya sabía que tenía que hacer algo. Su intervención ante el pleno durante las interpelaciones del PP en los casos SITEL y Faisán habían supuesto un revolcón parlamentario de primera magnitud, y la mente del ministro trabaja más rápido que la vista humana. Por eso ocurrió el incidente de la sala anexa al hemiciclo. Rubalcaba tiró de su particular manual político, como ya hizo con el diputado Rafael Hernando hace unos años en los mimos pasillos del Congreso: un escándalo de insultos y amenazas basado en tu palabra contra la mía, y santas pascuas. Teresa Fernández de la Vega fue sensiblemente más sutil al afirmar que los populares no han esperado ni siquiera a que el Alakrana llegue a puerto para acusar al ejecutivo por su desastroso trabajo. Es cierto: los ciclos se repiten, aunque con la oposición en el Gobierno y viceversa.
Por la forma José Acosta puede volver a tener un gran protagonismo en la vida pública madrileña. El ex presidente de la antigua ederación Socialista Madrileña, antagonista de Leguina y muñidor de todas las crisis del socialismo regional desde hace treinta años puede ocupar un sillón muy destacado junto al futuro presidente de Cajamadrid Rodrigo Rato. El entorno de Rato lo ha dejado caer, y el asunto está en fase de globo-sonda, pero en las actuales y disminuidas familias del PSM la idea no ha sido mal recibida. Curioso salto hacia el mundo de las finanzas y el capitalismo de un político siempre lejano al mundanal ruido.
Se hablará de... La manifestación que las dos principales centrales sindicales han convocado contra los empresarios dentro de unas semanas nos dará la verdadera medida del problema que tiene España. Dos colectivos que apenas representan al diez por ciento de los trabajadores de este país volverán a atribuirse la representación de toda la población activa de nuestro país para lanzar sus consignas viscerales de siempre. Allí estarán los delegados sindicales y los liberados, la verdadera clase privilegiada en los tiempos de crisis acuciante. ¿Habrá entonces un cuestionamiento de la política del Gobierno? Seguro. Pero no del que preside José Luis Rodríguez Zapatero. |