Parece empaquetado el proyecto de ley de Presupuestos en el Congreso de los Diputados. Después de las enmiendas y los gastos extras para favorecer el acuerdo, falta el trámite del Senado. En otro artículo anterior, analizamos el ante-proyecto por lo que me permitirán centrarme n esta ocasión en alguno de los aspectos más sobresalientes: la subida del IVA y algunas modificaciones relativas a los gastos o beneficios fiscales.
Tres buenas razones pueden argumentarse para proponer una subida del IVA como la contemplada. En primer lugar, su neutralidad con respecto a nuestra maltrecha competitividad exterior. En segundo término, su potencia recaudatoria aunque esto sólo será cierto a medio plazo. Y finalmente, su limitado impacto en el corto plazo sobre la inflación, debido a nuestro débil pulso del consumo privado.
Sin embargo, también hay algunos motivos importantes para la crítica. En primer lugar, su impacto negativo a corto plazo sobre el empleo vía aumento de la brecha fiscal. Si el aumento de los costes derivados de la subida no su pueden trasladar a los precios o bien si como consecuencia de un traslado parcial se reduce la demanda, por ambas vías, los resultados empresariales se resentirán y, consecuentemente, el empleo. Segundo, porque también a corto, la recaudación no será la esperada por el ya mencionado escaso crecimiento del gasto privado, lo que resta eficacia a la medida propuesta. Pero, quizá lo más importante es su carácter regresivo. Un impuesto sobre el consumo grava más proporcionalmente a las rentas más bajas, lo que supone que los gastos sociales los financian básicamente los trabajadores con su consumo.
¿Por qué se ha hecho entonces? Creo que las razones son básicamente tres. Primero, para evitar un debate sobre los recortes de los gastos. Segundo, por su potente efecto a medio plazo sobre la recaudación y tercero para dar una señal externa de compromiso con el proceso de consolidación fiscal, especialmente necesario ante la UE.
Pero, ¿no es contradictorio con el discurso progresista? Sí y no. Aquí es donde entran en juego las modificaciones relativas a los gastos o beneficios fiscales. La reducción selectiva de los 400 euros parece ser un guiño a las clases más bajas complementado por el importante gol marcado al mundo del fútbol.
Como saben, la consideración de no residentes de algunos galácticos les permite declarar a tipos de gravamen del 24 por 100. Esto se ha cambiado parcialmente como un guiño claro a la izquierda y, de paso, ha supuesto realizar un buen regate para evitar el debate sobre la subida regresiva en el IVA y su impacto sobre el crecimiento de la economía española, que el BBVA cifra en medio punto del PIB.
Es una hermosa jugada de distracción que tiene como objetivo eso, pensar en otros términos. Vender como progresivo y progresista la corrección de un error ajeno y tapar con ello un error propio. Así son los juegos de distracción. Es como poner "sexo" en el título de este artículo. Al final no hemos hablado nada de ello pero esto ha hecho que muchos lectores se interesen por él. Perdón por la broma y el juicio de intenciones. |