El conde Lucanor. Cuento X
Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces Cuento. Fragmento
Juan Manuel 1282 Escalona Toledo 1348 Córdoba
“Otro día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de este modo: -Patronio, bien sé que Dios me ha dado mucho más de lo que me merezco y que en todas las demás cosas sólo tengo motivos para estar muy satisfecho, pero a veces me encuentro tan necesitado de dinero que no me importaría dejar esta vida. Os pido que me deis algún consejo para remediar esta aflicción mía.
-Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para que vos os consoléis cuando os pase esto os convendría saber lo que pasó a dos hombres que fueron muy ricos.
El conde le rogó que lo contara.
-Señor conde -comenzó Patronio-, uno de estos hombres llegó a tal extremo de pobreza que no le quedaba en el mundo nada que comer. Habiéndose esforzado por encontrar algo, no pudo más que encontrar una escudilla de altramuces. Al recordar cuán rico había sido y pensar que ahora estaba hambriento y no tenía más que los altramuces, que son tan amargos y saben tan mal, empezó a llorar, aunque sin dejar de comer los altramuces, por la mucha hambre, y de echar las cáscaras hacia atrás. En medio de esta congoja y este pesar, notó que detrás de él había otra persona y , volviendo la cabeza, vio que un hombre comía las cáscaras de altramuces que él tiraba al suelo. Este era el otro de quien os dije también había sido rico.
Cuando aquello vio el de los altramuces, preguntó al otro por qué comía las cáscaras. Respondiole que, aunque había sido más rico que él, había ahora llegado a tal extremo de pobreza y tenía tanta hambre que se alegraba mucho de encontrar aquellas cáscaras que él arrojaba. Cuando esto oyó el de los altramuces se consoló, viendo que había otro más pobre que él y que tenía menos motivo para serlo. Con este consuelo se esforzó por salir de pobreza, lo consiguió con ayuda de Dios y volvió otra vez a ser rico… … …”
Las crisis también son positivas. Son parte del flujo de la vida y la muerte. Si los humanos, egocéntricos, fenecemos a pesar de comportarnos como inmortales; con mayor motivo lo harán nuestras instituciones, nuestras creencias y nuestras leyes. Las circunstancias se modifican permanentemente. Las comunicaciones facilitan la información individual. Internet ha universalizado el conocimiento.
Las crisis exigen modificaciones para superar los perjuicios por las carencias. La limpieza de inercias gangrenantes se impone. Hacerse trampas al solitario deja de ser divertido para transformarse en tragedia patológica.
Uno escucha, lee, reflexiona, mira al entorno para sentirse reflejado y no siempre lo consigue. Uno detecta a muchos seres que buscan, con la mirada ansiosamente apesadumbrada, su reflejo en el entorno, hasta encontrar y patalear por la gran tragedia.
Uno supone que la actitud más eficaz para superar una gran tempestad es la paciencia activa, algo distinto a la resignación, algo distante del conformismo.
La paciencia activa conlleva un análisis profundo de la situación particular, para detectar los errores, asumirlos y buscar soluciones, hasta encontrar la apropiada a nuestras capacidades.
Acostumbrados a ostras y caviar, puede que los altramuces nos resulten repugnantes por su amargor; pero no por eso vamos a despreciar sus valores gastronómicos y nutritivos. Llorar por los rincones buscando a los culpables de nuestra situación particular, para señalarlos con el dedo y ahogarlos con nuestras lágrimas ácidas y amargas, prolonga los sufrimientos y engorda las frustraciones.
Amigos lectores, ahora lo que toca es la acción paciente, consecuencia de la filosofía de la paz-ciencia activa. Fuerza y salud para todos. La vamos a necesitar.
Uno de la muga
|