El PSOE es una cena de Nochebuena entre cuñados mal avenidos que ya no tienen que disimular tras la muerte del patriarca y se pelean por los restos de un banquete exiguo. Cuando hasta el Rey entiende el cambio climático en la sociedad española y lanza la corona contra su yerno para poder ponérsela de nuevo, los socialistas siguen hablando de sí mismos y mal, por la espalda, en corrillos de hienas hambrientas que no esperan a la luna llena para hozar entre cadáveres.
No es fácil salvar a nadie, pero Carmen Chacón se lleva la palma de esa hipocresía tan divina de la muerte que apenas resiste un ligero acto de memoria: no se recuerda ni una sola palabra en contra de ocho años de decisiones hilarantes, sustentadas en una psicología negacionista de la realidad que no es propia de progresistas bienintencionados, sino de ludópatas de una fe particularmente reaccionaria que pone su vela donde nunca sopla el viento para ver si cuela.
No es que fuera parte del problema, que lo fue, sobre todo fue parte del silencio: otros, como Rubalcaba, quizá estaban también equivocados, pero sólo ella reniega ahora de algo que protagonizó tal vez más que nadie, oponiéndose como el que menos: atacarla por mujer y catalana es uno de esos eructos cavernarios que tan fácil le ha puesto a cierta progresía ahorrarse explicaciones por sus pecados; pero defenderla sólo por tales virtudes involuntarias no le va a la zaga.
La impagable inmolación pública de Chacón el pasado mes de mayo, o sea
Chacón es el silencio cómplice o tactista que ejerce de Bruto en el Senado; el tigre egoísta que avanza, retrocede, se esconde o salta sin pensar en la manada; es el regalo de la Sexta y su venta a Planeta posterior tras un lustro facturando 270 millones de euros a la exangüe RTVE y es el arte de decir una cosa, hacer la contraria, parecer una más y ser otra distinta.
Es probable que el PSOE no tenga solución a corto plazo, pero es posible que el único primer paso sensato sólo pueda darlo alguien que conozca los diez siguientes y sepa que el último es quitarse de enmedio tras digerir su propia derrota y transformarla en buen combustible fósil para su sucesor. No es el caso de Chacón, epítome de una izquierda desvaída, pija, superficial, de amiguetes y más propia de un concurso como ‘Operación Triunfo’.