El contrato social
por Uno de la Redacción

MARTES 13 DE DICIEMBRE DE 2011 A LAS 12:39 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

El secretario general de la OCDE alertó hace pocos días de que el contrato social está empezando a deshacerse en muchos países, y de que la única que puede restablecerlo es la justicia. Cada vez se incumplen más puntos de ese contrato. Los ricos, como los nacionalistas, nunca se conforman, y los pobres están perdiendo hasta el derecho a la educación. Por fin es evidente que la mejor forma de refundar el capitalismo es ponerlo en una bandeja y prenderle fuego. Rousseau, el ilustrado que primero formuló las bases de lo social, se hizo célebre por frases que nunca veremos cinceladas en el vestíbulo de Goldman Sachs: “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado". Toda sociedad se basa en un pacto, pero tal pacto se vuelve fraudulento si existe una justicia distinta para cada tramo de la declaración de la renta. Entonces es un pacto con el diablo, normalmente bendecido por la Iglesia.


Nadie que quiera vivir con dignidad puede dejar que lo cuelguen de un gancho y lo despellejen con impuestos e hipotecas, a cambio de nada. Los gobiernos no tienen reparo en comportarse como consejos de administración. Por esa razón, el único programa electoral que va a ganar elecciones de aquí en adelante es el de la justicia. La riqueza está mal repartida, y cada vez tenemos menos derechos. Eso lo sabemos simplemente fijándonos en la impunidad de algunos. La gente ansía justicia, pero la mayoría de los gobiernos, y muchas Comunidades Autónomas, empezando por Madrid, la pondrían si pudieran en manos privadas, o se la encargarían a sicarios, como los cárteles de la droga. 


¿Van a ser los empresarios, los tecnócratas, los mercados los que revisen el contrato y, de paso, la condición humana? La democracia se está convirtiendo en una careta. Vemos que, aunque vayamos a las urnas cada cuatro años, los políticos son incapaces de mantener vigentes unos derechos mínimos, ni siquiera de crear un engaño convincente, como hasta ahora, donde las desigualdades parezcan permeables. Así que ya no es posible esa simple convención: la sociedad. Cada vez más, todo se está volviendo una granja de pollos.


Comentarios
Javier Galán
jueves 15 de diciembre de 2011 a las 10:36 horas
Muy bueno el artículo señor Guerrero. Los ciudadanos de a pié (esos que no vamos a inauguraciones ni banquetes) tenemos que despertar o no nos daremos cuenta de que nos están encadenando.
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