
Aunque Gallardón no cabe en sí de gozo, especialmente si le dan a su fiel Manuel Cobo la secretaría de Estado en el ministerio que espera el aún alcalde de Madrid (¿Justicia e Interior?), quien de verdad ha salido reforzado entre bambalinas de todo el proceso de elaboración de listas ha sido el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.
Él ha sido quien ha negociado la lista con Miguel Arias Cañete y quien, durante todos los meses previos, ha restituido los puentes demolidos con Génova tras el ya lejano Congreso de Valencia: desde entonces, la cúpula popular le ha tenido más inquina y miedo que a un nublado, con excepciones -muy importantes- como la de María Dolores de Cospedal. Con el resto, desde Soraya Sáenz de Santamaría hasta Javier Arenas o Ana Mato, casi todo ha sido frialdad recíproca.
Hasta ahora, y en ello ha tenido mucho que ver el gran poder territorial acumulado por González antes de las Elecciones Autonómicas y Municipales: no hay alcalde en la Comunidad de Madrid que no se sienta cercano al vicepresidente, por mucho que técnicamente el secretario general sea Francisco Granados, vaciado de competencias en el proceso de elaboración de las listas en el que sólo han cabido hombres y mujeres de la más estricta confianza de Aguirre y González.
¿Significa esto que el vicepresidente está en la carrera sucesoria? ¿Avala la especie de que Aguirre lo dejará en breve y que el delfín quiere evolucionar a gran escualo por mucha Lucía Figar que suene en las quinielas? Para nada. Todas estas lecturas son tan falsas como un duro de seis pesetas y la única verdad se resume en apenas tres puntos:
1.- Aguirre no tiene intención de irse a ningún lado y, como mucho, no volverá a ser candidata en las próximas elecciones, algo que ella misma ha sugerido en no pocas veces. Hasta entonces, presidirá salvo mayúscula sorpresa que nadie espera: ni embajada en Londres ni Ministerio de Asuntos Exteriores ni nada que se le parezca.
2.- No hay ninguna carrera sucesoria y González no piensa en nada que se le parezca. Tampoco Figar y en general nadie, incluyendo a Génova: simplemente, no toca pensar en nada con unas Generales por delante y un largo periodo de tensiones si se llega finalmente a La Moncloa.
3.- El único debate abierto real tiene que ver con el Congreso Regional del PP, sin fecha fija y a celebrar a partir de los comicios: algunos dicen que tardará un año en convocarse, otros que será dentro de pocos meses... pero casi todos coinciden en que habrá un cambio pacífico en la secretaría general, con dos nombres sobre la mesa: Borja Sarasola y Bartolomé González.

Con este logo ilustra su página web un curioso colectivo nacido en el PSM que, bajo el nombre Más izquierda Madrid, pretende ser una alternativa a los discursos oficiales. Y a buen seguro dará que hablar antes y después del 20N, cuando empiecen a pasar muchas cosas en la familia socialista española, probablemente. Y para terminar el informe semanal, varias preguntas sin respuesta sencilla para lectores atentos a la letra pequeña de la actualidad.
1.- ¿Va a ser tan terrible el goteo de resultados en el sector bancario en los próximos días, con un incipiente agujero de morosidad empresarial?
2.- ¿De verdad están todos tan convencidos de que, llegado el caso, Ana Botella quiere ser alcaldesa de Madrid? ¿Y si no le apetece tener una agenda tan apretada?
3.- ¿Se oyen tambores de guerra en Telemadrid o son solo rumores sin fundamento?
La próxima semana más, pero no necesariamente mejor. |