No, no… No, no, no…. ¡¡¡Que nadie se alarme!!! Felizmente, Emilio Butragueño, no ha sufrido ningún percance, y no está secuestrado, desde el punto de vista “físico”. ¡¡¡Gracias a Dios!!!... La expresión “secuestro” la utilizo en referencia a algo intangible, y que muchos, cómo él, llevan con facilidad, aunque a mí me parezca peor todavía, -si cabe más repugnante-, que la privación de libertad por la fuerza.
Eso tan terrible, es la “venta” de tus valores y tu pensamiento, no sé sabe muy bien por qué y para qué. O peor aún, sí sé sabe, pero no se puede contar. A esa actitud, a éso, lo llamo “secuestro”, y es evidente, que el Buitre ha renunciado, -supongo que voluntariamente-, a su pensamiento, al menos, al que siempre ha mostrado públicamente desde que un mes de febrero de 1984, Alfredo Di Stefano le sacara del anonimato.
Y es que, este pasado miércoles, en el programa “Punto Pelota” de Intereconomía lo de Butragueño fue de vergüenza ajena. En una suerte de entrevista, -entre complaciente e incentivada por la nueva política de nueva imagen de este nuevo Madrid con este nuevo Mourinho “monacal”-, lo que nos ofreció el otrora mito del madridismo ponía los pelos de punta.
Alguien como él, que por su forma de ser -más dentro de los terrenos de juego que fuera-, ha significado para el Real Madrid, el fútbol, y casi, diría para el deporte español, en general, lo que Emilio Butragueño ha significado, provocaba una sensación muy triste verle y escucharle en su discurso “todolegitimador” de los comportamientos de José Mourinho y su “sobrino” Cristiano, por otra parte, muy en la línea de su presidente, el famoso ser superior.
Butragueño se quedó a gusto de reproducir el mensaje institucional de los nuevos tiempos madridistas, esos que apoyan la famosa teoría de la conspiración que ha convertido al Real Madrid en el gran quejica de los árbitros… ¡¡¡qué tiene narices la cosa!!!... Sólo al final, y después de haber hablado de guión, se le escapó aquello de “al mister le diría que… más tranquilo” cuando un periodista le volvió a insistir (=no se puede engañar a todos, todo el tiempo, ¿verdad?).
Especialmente, curioso, me resultó su mimetismo en la boca, los gestos y el tono con José María Aznar. Eso sí que son parecidos razonables, como lo es con la verdad, su pretendida amistad con Jorge Valdano, cuando todos sabemos el distanciamiento que hubo cuando el argentino “le retiró del Madrid”, y la “casualidad” de su ausencia de la capital, cuando Valdano fue destituido este pasado mes de mayo.
Hace muchos años que ya me decepcionó la tendencia natural de Emilio Butragueño para estar tan preocupado de parecer buena persona, que no le ha dejado tiempo para, finalmente, serlo. Ese futbolista especial que paraba el tiempo en el área de meta, ahora, es un ejecutivo más al servicio de Mou, incluso, a costa de traicionarse a sí mismo. La ternura que te provocaba que pidiera una moneda de cien pesetas a los periodistas que hacían guardia para darle la propina al “aparcacoches” del Asador Donostiarra cuando se producían las comidas del equipo, ahora, deja paso a la incredulidad de cómo un incono de una época del Real Madrid en el que las cosas se hacían con estilo y señorío (=el de siempre), se ha convertido a esta nueva corriente que está reinventado la Historia del Mejor Club del Mundo del siglo XX, ¡¡¡a peor!!!
P.D. “La justicia es un cachondeo” (sic), Pedro Pacheco, ex alcalde de Jerez de la Frontera. Esta famosa frase del peculiar edil jerezano, -que pronunció hace muchísimos años-, resume mi sentir referido a la justicia deportiva. Los castigos a Mou y Tito Vilanova insultan al sentido común y al más mínimo principio de igualdad y legalidad. Al final, todo es un juego de presiones y poderes. Lo terrible, es que esto, también, sucede en la justicia ordinaria. Se me vienen tantos ejemplos a la cabeza… ¡Miedo me da! |