Energías creativas
por Juan Antonio Moreno

VIERNES 23 DE SEPTIEMBRE DE 2011 A LAS 18:36 HORAS
Opinión > Cultura
 
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La Revolución Rusa de 1917 supuso un cambio radical para combatir el orden social establecido. El Estado soviético que surge de este movimiento revolucionario promueve un lenguaje visual totalmente distinto, poniendo el arte al servicio del nuevo ideal socialista.


La exposición Construir la revolución. Arte y arquitectura en Rusia, 1915-1935 que presenta Caixa Forum en su sede madrileña constituye un hito fundamental para conocer una época esencial en el desarrollo artístico de este período.

 

Los años que siguen al establecimiento de un nuevo modelo de Estado se caracterizan por una riqueza incuestionable en el campo de las artes, principalmente en la arquitectura. En esta disciplina los artistas se ponen al servicio del poder, trasladando la ideología a un lenguaje absolutamente visual.

 

La muestra revisa cómo los artistas plásticos y los arquitectos unen sus inventivas bajo el manto bolchevique en unos momentos en los que destaca la radicalidad de las propuestas creativas. Todos los vanguardistas confluyen en el mismo punto de referencia, trabajando en el movimiento constructivista que propicia un cambio profundo en la estética más tradicional.

 

Artistas como Kazimir Malévich, Liubov Popova, Vladimir Tatlin, El Lisitski o Alexandr Rodchenko y arquitectos rusos como Konstantin Mélnikov, Alexandr Vesnin y Moises Guínzburg juntan sus esfuerzos con otros europeos como Le Corbusier y Erich Mendelsohn.

 

Por eso, esta antológica se ha planificado como un amplio diálogo entre arte y arquitectura, en el que, además, las numerosas fotografías del británico Richard Pare sirven de enlace y ofrecen un contexto adecuado a este estupendo mosaico de energías creativas.

 

La disposición de la muestra está dividida en diferentes apartados: Gobierno y comunicaciones, Industria, Educación, Ocio, Salud y Vivienda y un espacio muy especial dedicado al Mausoleo de Lenin.

 

La arquitectura soviética es muy funcional y se caracteriza por la capacidad de ahorro y eficacia, permitiendo cierta creatividad e incluso algún riesgo formal. Es indudable que ha dejado huella ya que aún en nuestros días es un referente para los creadores que buscan el máximo provecho de recursos a favor de la comunidad a la que entregan su obra.

 

Pero por desgracia, tras un período de luz esplendorosa, llega la oscura realidad. Una orden de Stalin de 1938, en la que impone un arte realista, da al traste con esta primavera espléndida y los autores que anteriormente eran considerados brillantes revolucionarios, pasan ahora a la condición de indeseables.

 

Esta es la reflexión que debemos hacernos y, para ello, hemos de escudriñar lo que aún queda de aquella resplandeciente pléyade de vanguardistas cercenada por los caprichos de otro dictador.


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