En una hermosa mañana de abril, Martita se despertó como cada día para ir a la escuela, se levantó, fue al baño y..... vió que le había bajado la regla.
- Mamá, mamá, me ha bajado la regla.
- ¡Martita ya es mujer!- gritó su madre por toda la casa - ¡Martita ya es mujer!
La familia de Martita, nunca había hablado con ella de temas “sexuales” o eróticos”. Martita ya tenía 13 años, iba al Instituto, pero aún así, sentía que ya sabía todo acerca del “sexo” pero, su familia le dijo:
- Martita, ya eres mujer y tienes que saber que puedes quedarte embarazada y si no quieres arruinarte la vida tienes que tener cuidado, los chicos todos van a lo mismo, encima no quieren protegerse y el fastidio es para ti, así que, como te vea con un chico, te mato.
Martita, sí sabía lo que tenía que hacer pero, ¿Cómo?
Las revistas de las que aprendía le decían qué tenía que hacer” o “qué no debía hacer” . Martita ya lo sabía todo o creía saberlo pero, ¿Qué pasa si su pareja y ella no están de acuerdo? ¿Se comunicarán? ¿Asumirán riesgos?
¿Seguirá el consejo de su familia? ¿El de las guías que lee? ¿Lo que su chico quiera?
¿Ha aprendido a hacer aquello que DESEE y a aceptarse a sí misma o lo que debe desear y a que la acepten los demás?
En nuestro entorno, observamos como muchísimas jóvenes quedan embarazadas sin desearlo, hecho que, justificamos con la falta de información, respuesta un poco “absurda” en el contexto en el que vivimos. Entonces, ¿Por qué ocurre?
El sexo, en nuestra sociedad, se ha reducido a la penetración. Cuando hablamos, oímos o vemos sexo, se asocia a la genitalidad, por lo que, es habitual que la sociedad se horrorice de que, los jóvenes estén obsesionados con ello, se asusten si no llegan al orgasmo y no piensen en disfrutar de sus relaciones debido a ese pensamiento reducido. Practicar “sexo”, se reduce a la genitalidad, por lo que se da una falta de creatividad erótica.
Otra de las causas, es la falta de comunicación. Cuando se es adolescente, muchas veces, se tiene miedo a expresar lo que se quiere o no hacer en pareja por temor a perderla, porque es el momento de hacer algo aunque no se quiera, por lo que pueda pensar el otro o la otra (“eres una golfa” o “eres una estrecha, venga” o “sólo me quiere para tener sexo”)... y un sin fin de cosas que, pueden llevar a la pareja a realizar cosas que realmente “no le apetecen”, no dejar claro al otro o la otra qué quiere y qué no quiere sin dar rienda a los deseos sino a lo que debe desear.
Aunque los jóvenes conocen y tienen acceso a los preservativos, se ha asociado su uso a la desconfianza hacia el otro o a la falta de amor. Por otro lado, es frecuente entre los jóvenes cierta imprudencia, debida a la falsa creencia de que están “protegidos” de las malas situaciones. Esto se refleja en frases como “la primera vez no pasa” o “eso no nos va a pasar a nosotros”. Por otra parte, el hecho de poner el preservativo (buscarlo, sacarlo de su funda, colocarlo), puede enfriar la situación erótica o romántica y convertirse en un elemento que puede verse como antinatural.
Se da una información de la “prevención” de embarazos, de riesgo, pero aún así muchas adolescentes quedan embarazadas. La educación sexual actual prohíbe o califica de arriesgadas ciertas conductas, sin embargo no aporta elementos positivos o de valor en este tema, siendo el objetivo de la sexología mucho más ambicioso.
Lydia Luque
Sexorum
Equipo Actividades Externas Incisex
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