Las adaptaciones cinematográficas de tebeos (sobre todo si son de formato comic-book) suscitan de entrada la desconfianza de los fans más furibundos porque sienten que la traslación a la pantalla va a quedar por debajo de lo que la lectura ha sugerido a sus imaginaciones y porque al resumir para el gran público historias que abarcan a veces medio siglo de números mensuales de 24 páginas forzosamente se asumen compromisos que alteran biografías de personajes y simplifican tramas memorables. X-Men: primera generación tiene su origen en una historia de Sheldon Turner y de Bryan Singer, el Engels o el San Pablo de los X-Men. En ella se reinventa el origen del ahora famoso supergrupo mutante de la Marvel mediante cambios que consiguen que lo conocido parezca a la vez familiar y nuevo, con un espíritu similar al de Chris Claremont y John Byrne al inventarse un amargo porvenir en la saga Días del futuro pasado (1981). Saga que es anterior en tres años al Terminator de James Cameron. Pero estoy divagando.
Ambientada en 1962 durante la crisis de los misiles de Cuba, esa que ya Chris Moltisanti creía que era solo una película, pone a los X-Men y a sus antagonistas en el centro del enfrentamiento entre estadounidenses y soviéticos para presentar otros dos conflictos con potencial de futuro (pasado) en la ficción: el de los humanos contra los mutantes y el de los mutantes favorables a la convivencia, liderados por el profesor Xavier, contra los partidarios de la supremacía, liderados por Magneto.
En definitiva, la clásica lucha entre el bien y el mal, enriquecida con efectos digitales, y el tan humano como destructivo miedo a lo diferente, dos conceptos caros para los adolescentes de todas las edades, que se caracterizan por la dualidad de querer a la vez ser aceptados y sentirse especiales. Tampoco faltan los guiños a los adeptos, ninguno mejor ni más gracioso que el cameo de Hugh Jackman, que en tres palabras define a la perfección a su carismático y asocial personaje, o a mitos de la época como James Brown. Dirige Matthew Vaughn, un londinense que ya ha mostrado sentido del humor como director (Kick-Ass) y como productor (Lock, Stock and Two Smoking Barrels).
Nada desdeñable en estas fechas es que si se llega con un cuarto de hora de antelación a la sala de proyección se puede estar casi dos horas y media al fresco.
Grados de separación
Además de la época en la que transcurre, X-Men: primera generación comparte con la serie Mad Men la presencia en el reparto de January Jones, muy activa en la gran pantalla últimamente. Resulta algo chocante verla como la Reina Blanca, Emma Peel (perdón, Emma Frost), quizá por la costumbre de identificarla como Betty Draper en las tres primeras temporadas, Betty Francis en la cuarta. Una temporada con menor presencia de Jones y que logra de nuevo elevar el interés de la audiencia por los logros profesionales y los tumbos personales de su protagonista Don Draper que, como si fuera un superhéroe, también tiene una identidad secreta. Además se muestra de forma práctica qué se debe hacer con las cajas de objetos personales en una mudanza. |