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XAVIER COLÁS
Ha sucedido en un pueblo de esos imposibles que hay en España: presentarse a unas elecciones y no votarse ni a uno mismo. Hay precedentes familiares de calibre nacional. Cecilia Sarkozy, la predecesora de Carla Bruni en el pedestal del Eliseo, no votó a su marido en una de las vueltas de las elecciones francesas. Se lía uno en la cola de los congelados, le pasa el aspirador al coche y reconfigura los canales de la tele y al final el domingo se queda corto para votar a nuestro santo o nuestra santa. Otra vez será.
A lo mejor por eso el alcalde de Alcalá metió en la lista a su mujer: no te escapas Yolanda, le diría. Pero los que se han escapado son los votantes: unos a la transversalidad inmaculada de UPyD. Otros al encontronazo social de España 2000. Bartolo plantó un Oxford y le ha crecido un Weimar. Somos patrimonio de la calamidad y al final los inmigrantes se van a ir por vergüenza ajena. Antes de pensar si los de fuera son muchos alguien debería darse cuenta de que los de dentro somos demasiao.
En Alcalá las gaviotas del vertedero de los cerros se han ciscado en las gaviotas de Génova igual que los cernícalos se cagaron en los de Madredeus cuando vinieron a dar el concierto y los pajarracos estaban todavía incubando sobre los focos.
Por las pantorrillas del alcalde corre un Tea Party que no tiene nombre todavía, un cagoendiós disperso que se grita desde el andamio pero también desde la pyme a la que se le debe pasta y no se le paga. Los regidores no saben cerrar las puertas del cielo a sus funcionarios, pero mandan al purgatorio a los proveedores y a sus familias porque el currela que no se apiña y se atocina tras una ventanilla es un currela de segunda en este país: si laboras para el municipio pero no te tiene el alcalde en nómina... te tiene en su lista de acreedores. Y lo más divertido es que a tantos proveedores cabreados les va a ir llegando el IBI dentro de poco. Así que puede encontrarse el futuro edil de Hacienda con una devolución del impreso por vía rectal. Y lo peor de todo, con la jugada comentada en esta columna.
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