PEDRO P. HINOJOS
A estas horas, el próximo lunes por la mañana, ya habrá terminado todo aunque parezca que no ha empezado. Porque todavía se espera a que arranque de verdad una campaña electoral donde, al menos en Alcalá, las reflexiones más agudas vistas hasta ahora aparecen en la página 9 de este periódico y la discusión más profunda ha sido la de las cacas de perro. Con tales rarezas, casi ni extraña que, al menos al cierre de esta edición, el PP local no haya presentado el tocho de su programa electoral al completo y siga a lo suyo de ir dejando miguitas. Ya se sabe que no sirven para mucho pero nunca hay que despreciar las buenas costumbres democráticas, porque es darle unas cuantas alitas más a los amigos del “Ni uno más”.
¿Y el debate? No se pierde la esperanza de que en el tiempo que queda pueda organizarse un debate de verdad entre los candidatos; esos ‘cara a cara’ que algún día habrá de imponer la ley electoral igual que impone el tamaño de los carteles colgados en las farolas. Lo más parecido, en clave huevo-castaña, fue un simulacro en twitter, que parece casi una broma –o toda una paletada– cuando estamos hablando de política municipal. Y lo más misterioso es que un municipalista hasta el tuétano como Bartolo es quien más se resiste.
La novia chula
En la campaña del 99, cuando al candidato de IU, Luis Suárez, le hablaban del pacto con el PSOE, siempre respondía “cuidado con la novia, que a lo mejor se pone chula”. Una de las tristezas de esta campaña también está en este frente: la izquierda no dice ni mu de posibles acuerdos de gobierno para desbancar al PP del Ejecutivo local. Con la honrosa excepción, eso sí, de los elogios y las manos tendidas que Tomás Gómez ofreció en el debate de Telemadrid a Gregorio Gordo. Solo le faltó pedirle que le afiliara a IU.
La ruina y una idea Los partidos y el sistema en general se tienen que replantear las campañas. Sobre todo en tiempos de crisis. Porque con la ruina que tenemos encima, y con el poquísimo interés que ofrece el discurso de la clase política; la única manera de adecentar este necesario paso por las urnas es que se suspendan los actos electorales, se buzoneen los programas a los ciudadanos y se ponga en manos de parados de larga duración, jóvenes sin trabajo o jubilados con pensiones de miseria las mesas electorales y sus dietas. De nada.
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