Agentes dobles
por Fernando Couto

VIERNES 8 DE ABRIL DE 2011 A LAS 19:44 HORAS
Opinión > Cultura
 
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El documental es posiblemente el género cinematográfico menos favorito del público. Aunque nunca podrá competir con los Torrentes de ese nuevo Mariano Ozores que es Santiago Segura, para su estreno comercial, usualmente fugaz, es de gran ayuda el espaldarazo previo de algún premio famoso o de prestigio. El Oscar de este año al mejor largometraje documental sí que ha llegado a nuestras pantallas (a las grandes, por supuesto) y es una introducción apasionante, cartesiana y pedagógica a la crisis financiera de septiembre de 2008 que se titula Inside Job. Según el Webster's Third New International Dictionary la primera acepción de "inside job" es: "acto irregular o criminal perpetrado por o con la connivencia de una persona que ocupa una posición de confianza respecto a la víctima del acto." Y precisamente cómo se muestran las conexiones de los infiltrados es lo más interesante de la película.  

 

El director Charles Ferguson y sus coguionistas (Chad Beck y Adam Bolt) estructuran Inside Job con un prólogo sobre Islandia, antes y después de la liberalización de su sistema bancario, y cinco partes ordenadas cronológicamente (títulos no literales: cómo eran las cosas, la burbuja, la crisis, las responsabilidades y ¿ahora qué?). Con la voz en off de Matt Damon se presentan con un montaje ágil y claro, que hace que las dos horas de duración vuelen, imágenes de archivo, gráficos pensados para legos en economía y entrevistas con expertos, protagonistas y víctimas de la crisis.  

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, aprendidas las lecciones de la crisis de 1929 (y de las periódicas crisis financieras del XIX, aunque Inside Job no las menciona) el sistema económico estadounidense conoce la estabilidad durante más de treinta años. Pero desde los pasados años ochenta confluyen de forma acelerada y fatal la innovación en los productos ofertados por el sector financiero y la relajación de los mecanismos de control en manos de las autoridades monetarias. Además de en las consecuencias generalmente conocidas se hace hincapié en los viajes de ida y vuelta de algunos ejecutivos de los consejos de administración de los grandes bancos de inversión y otras corporaciones al gobierno estadounidense y a la Reserva Federal. La neutralidad de personajes como Alan Greenspan, Henry Paulson, o Timothy Geithner es cuestionada de raíz. Otro aspecto de la crisis de 2008 menos publicado hasta ahora es que todo el respaldo doctrinal a la liberalización de los mecanismos de control del sistema financiero proporcionado durante las tres últimas décadas, con pretendida objetividad científica, por los académicos más prestigiosos de las principales instituciones universitarias está viciado de origen porque esos académicos forman parte de los órganos directivos de bancos y entidades beneficiadas de la falta de regulación que defendían. Resulta esclarecedor de su integridad intelectual que en las entrevistas ninguno considere que hay conflicto de intereses en sus casos personales. Es casi tan sarcástico como los representantes del lobby bancario para los que los bonos e indemnizaciones a los ejecutivos no son desmesurados o los representantes de las agencias de calificación encuestados por el Congreso de los Estados Unidos que dicen que sus baremos de calidad de la deuda eran solo sus opiniones y que no es su responsabilidad que los demás las creyeran. Si no supiéramos que el antológico y esclarecedor vídeo de George Parr es obra de dos humoristas, podría encajar como un testimonio real más.

 

Inside Job es de gran interés tanto para ciudadanos como para consumidores y mejora la similar Capitalismo: una historia de amor de Michael Moore porque no pontifica con supuestas soluciones mágicas ni presenta el rescate público de la crisis de 2008 como un golpe de estado, como hacía Moore, sino como un episodio más, si bien espectacular, de un largo proceso en el que el sistema político ha sido progresivamente dominado por una oligarquía plutocrática. Prueba de ello es la falta de voluntad política mostrada para perseguir a los perfectamente conocidos responsables, que continúan gestionando unos bancos que son los contribuyentes principales a los más de 5.000 millones de dólares que gastan el Partido Demócrata y el Republicano durante cada campaña electoral. 

 

Grados de separación 

La clave del problema político de gran alcance que subyace tras la crisis de 2008 la da el testimonio de una trabajadora china de Guangzhou (Cantón). Muestra su preocupación porque la crisis está provocando un descenso de la demanda de los compradores estadounidenses y eso va a repercutir en despidos en su fábrica, en la que llegan a pagar hasta 80 dólares al mes (menos de 60 euros), mucho más de lo que cobraba en el campo. Eça de Queirós no tendría en mente la globalización cuando escribió su parábola fantástica El mandarín (1880), pero una de las grandes cualidades de los clásicos es que cada época puede hacer su lectura de ellos. 


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