Los ojos violeta
por Fernando Couto

VIERNES 25 DE MARZO DE 2011 A LAS 18:38 HORAS
Opinión > Cultura
 
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El día 23 ha fallecido, a los setenta y nueve años, la superestrella Elizabeth Taylor. Nacida en Londres de padres estadounidenses, fue contratada a los diez años por la Metro-Goldwyn-Mayer, la productora del león, el más glamuroso de los grandes estudios, que no en vano presumía de tener "más estrellas que en el cielo". Pronto intervino en La cadena invisible (1943), que puso en marcha la franquicia de Lassie, una de las más famosas de la compañía, con permiso de la favorita de Louis B. Mayer: las sanas y familiares peripecias de Andy Hardy (Mickey Rooney), conocido en España por una de esas sinrazones del doblaje como Andy Harvey. La joven creció a la vista del público desde Fuego de juventud (1944) a Mujercitas (1949) y, a diferencia de otras estrellas infantiles, su popularidad no se interrumpió de adulta; quizá por ello su edad parecía mayor. En 1950 protagonizó otro éxito de taquilla, El padre de la novia, y en 1951 la excelente por inexorable Un lugar en el sol, en la que coincidió con Montgomery Clift (Río Rojo, La heredera, De aquí a la eternidad, Vidas rebeldes), que sería gran amigo suyo. [Digresión: la primera tuvo una secuela (El padre es abuelo) y sus correspondientes versiones (quiero decir remakes) en los noventa con Steve Martin en el papel de Spencer Tracy (han leído bien). La segunda tuvo en 2005 una adaptación muy loada (Matchpoint)]. A lo largo de los años cincuenta Taylor siguió protagonizando melodramas caros y famosos (La última vez que vi París, Gigante, El árbol de la vida, La gata sobre el tejado de cinc, De repente, el último verano) con tres nominaciones consecutivas a los Oscar por los tres últimos citados. En general al verlos hoy en día, tanto por primera vez como en una revisión, resultan algo pesados y pretenciosos, teatrales en el peor sentido de la palabra, con mucho énfasis, al estilo culebrón, en el sufrimiento de la vida. En cambio, mirarla a ella en esas películas sigue teniendo un efecto hipnótico delicioso. Hasta los más fundamentalistas del blanco y negro en el cine estarán de acuerdo en que aunque solo fuera por ver el color de sus ojos el invento del Tecnicolor y sus imitaciones estaría justificado.

 

En 1960, al poco de morir su marido, el productor Michael Todd, y de recuperarse de una grave enfermedad, ganó su primer Oscar por Una mujer marcada. Con el paso de las décadas el gusto dominante en la Academia no ha variado sustancialmente. Una de las actrices que no ganó ese año fue Shirley MacLaine por El apartamento, película e interpretación que cada año que pasa son mejores. También en 1960 comenzó la complicada producción de Cleopatra, estrenada finalmente en 1963. Con esta obra Elizabeth Taylor pasó, como la precursora Grace Kelly, de estrella de Hollywood a la categoría de "celebridad mundial", en su caso por iniciar su intensa y turbulenta relación con su coprotagonista, el galés Richard Burton, con el que se casó y divorció dos veces. Entre otras compartió cartel con él en ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966) en la que obtuvo su segundo Oscar.

 

A partir de los setenta y los ochenta trabajó más para la televisión y se dedicó a defender causas humanitarias (tras la muerte de su amigo Rock Hudson se implicó en fomentar la investigación contra el SIDA). 

 

Grados de separación 

Dentro de otra categoría de mitomanía no se puede dejar de mencionar que Elizabeth Taylor fue la elegida para poner la voz a la primera palabra que pronunció Maggie Simpson.

 

(Otro) Fundido a negro

El día 17 falleció el actor Michael Gough a los noventa y cuatro años. Había nacido en Malaya cuando la península formaba parte del imperio Británico que se extendía por un tercio de la superficie terrestre del planeta, e intervino en papeles secundarios en producciones británicas de la Ealing como El hombre vestido de blanco (1951) de Alexander Mackendrick, o de la Hammer como Drácula (1958) de Terence Fisher. Además participó en series de la tele como La fuga de Colditz, QB VII, o Retorno a Brideshead. En cine apareció también en Los niños del Brasil (1978), Top Secret (1984), Memorias de África (1985) o La edad de la inocencia (1993). A partir de 1989 encarnó uno de sus papeles más conocidos: Alfred, el pulcro e irónico mayordomo de Bruce Wayne en Batman y sus secuelas, hasta la llegada de  Nolan a la franquicia, que ha entregado el personaje a otro actor inglés, de nombre también Michael y de apellido nada menos que Caine.


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