ANTONIO CAMPUZANO
El sistema electoral americano tiene su idiosincrasia perfectamente ubicada y sus agentes electorales, es decir, los votantes, más de lo mismo. Así, los chequeos médicos en la pugnas electorales resultan altamente significativos. Las transaminasas de los candidatos se cruzan con los niveles de bilirrubina, y con atención especial a la GPT, que es la transaminasa glutamicopirúvica, que se localiza principalmente en el hígado y su misión es la fabricación de glucosa. Pues bien, valga este ejemplo médico, depende de las conclusiones y sus riesgos, la vida política del candidato puede ser alentada o arrojada al vertedero de la historia pública. Aquí, en España, afortunadamente, nada más lejos de la comparación. Nuestra presidenta Aguirre se fue el lunes a Torres de la Alameda, un pueblo en el que da gusto estar, a inaugurar un tramo de carretera, y al término de lo cual, dijo que tenía un “bulto” que tenía que ser tratado quirúrgicamente. Su voz trémula, y encima en el paraje torresano de Valdelayegua, de tierra roja y “herméticamente abierto”, como se leía en la puerta de Jesús Aguirre cuando fue Director General de Música, adquirió una gran fuerza anímica que se extendió por todos los confines de Torres, Alcalá y España entera, con la inestimable ayuda de Telemadrid. Su entrada, su salida, su foto robada, en el hospital Clínico San Carlos, han colocado a la presidenta Esperanza en una posición francamente deseable para cualquier candidato electoral. A amigos y competidores no les queda más remedio que encomendarse a sus programas y, quieran o no quieran, a los partes médicos, que ya no son sólo de Esperanza Aguirre, sino que también lo son de todos los madrileños. Américo Castro y Ménéndez Pelayo, entre otros, ya lo vieron con sagacidad. Los españoles tienen su parcela histórica y genética, y son muy suyos. Hasta en cuestiones como ésta, relativamente reciente, con menos de un siglo en los que se ejerce el rito democrático, como Dios, Tocqueville y Lincoln hubieran querido, somos heterodoxos tirando a raros. Lo que el designio democrático ha unido que no lo separe la salud. La potestas, junto con la auctoritas, han tenido un encuentro no muy agradable en los prados de Valdelayegua, nada más y nada menos que en Torres de la Alameda, que no es el faro de Alejandría pero que tiene su punto. Y allí Esperanza Aguirre ha dicho que el futuro es suyo porque “se ha cogido a tiempo”. Salud, atención y política. |