En otoño de 2008 el actor Joaquin Phoenix hizo público que abandonaba de forma definitiva el mundo del cine y que a partir de ese momento iba a empezar una carrera como cantante de hip-hop. Con treinta y cuatro años y dos nominaciones para los Oscar (en 2005 como actor protagonista por En la cuerda floja y en 2000 como actor en papel secundario por Gladiator) su anuncio fue acogido de inmediato con escepticismo por parte de los medios y de la audiencia, que sospecharon que se trataba de un montaje. El cuñado (y sin embargo amigo) de Phoenix, Casey Affleck, filmó durante más de un año sus vivencias para lanzar un supuesto documental titulado I'm Still Here (Sigo aquí). Al estrenarse en otoño de 2010 actor y director desvelaron que todo había sido un montaje.
Para abordar el papel que ha desempeñado todo este tiempo dentro y fuera de la pantalla Phoenix transformó su aspecto de forma radical. Se dejó crecer sin control barba, melena y barriga y, al menos aparentemente, dejó de cumplir las más elementales normas de higiene personal (por fortuna el Odorama nunca triunfó). A lo largo de una hora y tres cuartos se le ve divagar de palabra y obra en sus casas de ambas costas de Estados Unidos, maltratar a sus dos asistentes personales, luchar por convencer a un auténtico productor musical de que va en serio en sus aspiraciones como cantante, acudir a un famoso programa de televisión para promocionar catastróficamente su película final (Two Lovers) y cantar en hoteles y casinos de Miami y Las Vegas.
Con diferencia lo más ilustrativo de I'm Still Here es la alborozada reacción pública ante el comportamiento de quien creen que es un juguete roto que ha perdido la cabeza y que parece destinado a perder la fortuna y la vida. El regodeo de entrevistadores o de espectadores pendientes de filmar con sus móviles los tumbos del voluntarioso y desnortado rapero es feo, triste y sádico con independencia de que la deriva de Phoenix fuera verídica o interpretada. La parte doméstica de la película en cambio resulta tan tediosa, irrelevante y difícil de soportar como fueron los partidos del Atleti en la temporada 2004-2005; recuerda el estilo de las obras de John Cassavetes en las que los intérpretes exploraban sus emociones a fondo en escenas largas y sin interrupciones para llegar a un nivel de intensidad inimaginable en las producciones industriales. Pero aquí la reiterada sucesión de momentos escatológicos no tiene propósito, más allá de burlarse de la pasión masiva por el morbo. Lo más gracioso de I'm Still Here es el nombre de su productora: They Are Going To Kill Us Productions (Producciones van a matarnos).
Grados de separación
Una referencia evidente por su retrato de los famosos del parque temático conocido como Hollywood y por presentar una frontera muy difusa entre realidad y ficción es la serie de la HBO Curb Your Enthusiasm (Refrena tu entusiasmo) de Larry David. Aunque a la larga resulta previsible por repetitiva, como ocurre con la mayoría de las series, a su favor está el que sus episodios duren alrededor de media hora, que giren en torno a una trama por leve que sea y que su humor busque que el espectador se ría de un hombre que se ríe de sí mismo.
Fundido a negro
El día 19 ha fallecido la actriz Florinda Chico. Es recordada con cariño por sus papeles en numerosas comedias taquilleras y en series de la televisión que era en blanco y negro y solo tenía dos canales (TVE y el UHF). Merece la pena volver a ver sus interpretaciones en Cría cuervos (1976) de Carlos Saura o en La casa de Bernarda Alba (1987) de Mario Camus. |