En un lejano ya 2002, en el momento en que comenzábamos en el Centro de Estudios Cervantinos a idear proyectos para conmemorar los 400 años de la publicación del “Quijote” en el 2005, vi la necesidad de aprovechar las tecnologías informáticas, cada vez más presentes en nuestro mundo, para poder adentrarse en el rico (y casi desconocido) patrimonio iconográfico alrededor de la obra de Cervantes.
Iconografía que había estado siempre ahí, pero que solo una casualidad había puesto delante de mis ojos unos meses antes. La casualidad fue la redacción de un pequeño catálogo que acompañara la exposición del CEC: “El Quijote ilustrado: siglos XVII y XVIII”, un conjunto de 42 paneles que mostraban, a partir de reproducciones de imágenes procedentes de algunas ediciones conservadas en la rica biblioteca del Centro, la riqueza, la complejidad, las mil caras de una obra que no ha dejado de ilustrarse desde 1607 hasta nuestros días.
La redacción del catálogo, de esas pocas páginas que establecieran un hilo conductor a la exposición, me pareció, en principio, sencilla, ya que seguramente había sido tema de estudio y de investigación de numerosos cervantistas. Pero, ¡cuál fue mi sorpresa al comprobar que, al contrario de lo esperado, poco era lo escrito y mucho lo repetido, a partir del magnífico libro, aunque obsoleto en algunas de sus conclusiones, como era la Historia gráfica de Cervantes y del Quijote, firmada por Juan Givanel Mas y Gaziel (Madrid, Plus-Ultra, 1946).
Y una de las razones por las que este campo continuaba sin ser explorado en todas sus posibilidades era, sin duda, la dificultad para acceder a los originales, a las distintas estampas, ya fueran estas sueltas o dentro de valiosos libros. Tan solo quien tuviera acceso a una magnífica biblioteca, donde se pudiera acceder a tan ricos materiales de trabajo podría plantearse nuevos estudios, una nueva visión sobre el tema. Y así sucedió con Patrick Lenaghan, quien en este año fue el comisario de una espléndida exposición: “Imágenes del Quijote: modelos de representación en las ediciones de los siglos XVII a XIX”, a partir de los magníficos fondos de la Hispanic Society de New York, donde trabaja. Una exposición magnífica como magnífico es también su catálogo, que permitió dar un salto cualitativo en nuestro conocimiento de la iconografía quijotesca.
Pero, ¿por qué no permitir que estos fondos estuvieran al alcance de todos y no solo de unos pocos privilegiados, como también era mi caso, ya que tenía a mi disposición los fondos del Centro de Estudios Cervantinos? ¿Por qué no aprovechar las posibilidades que ofrece la tecnología informática, que hace posible una difusión muy económica de este material? Y con estas ideas, y con más entusiasmo que conocimiento, comencé a pergeñar un proyecto, que estuvo moviéndose de despacho en despacho, de comisión en comisión, hasta que fue aceptado como uno de los proyectos que financiaría la Comunidad de Madrid como parte de su programa de actividades para conmemorar el IV centenario de la publicación del Quijote.
Más adelante, y de manera muy marginal, también contamos con un apoyo de la entonces omnipresente Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, que nos prometió una ayuda continuada en el tiempo, que luego nunca se materializó… promesas que no están en papel mejor considerarlas como lo que son: papel mojado.
Recuerdo aquellos primeros años del proyecto con cierta nostalgia: todos los días eran un descubrimiento y un desafío; todos los días era un aprendizaje. Aprendizaje con los propios libros (el corpus inicial del Centro de Estudios Cervantinos pudo ampliarse con el rico fondo del Museo Casa Natal de Cervantes y la biblioteca privada del Cigarral del Carmen, el verdadero corazón del proyecto), aprendizaje con el equipo de informáticos, de la empresa Slinges, encabezados por Enrique Hernández Esteban, aprendizaje con el equipo de catalogación, con Ana Marín Sánchez, Ronda Vázquez Martí, Elísabet Magro y Elisa Borsari… y poco a poco las piezas iban encajando.
Las fotografías digitales que teníamos que repetir porque no habíamos tenido en cuenta las sombras (¡qué lunes aquellos en el Museo Casa Natal de Cervantes con Elísabet, fotografiando y sorprendiéndonos con la riqueza allí albergada!), las fichas que se iban cumplimentando de cada una de ellas, sobre todo la dificultad de establecer un estándar para la catalogación de los episodios y títulos que fue uno de los trabajos que más nos costó, pero que han sido una de las claves de nuestro éxito, de una marca de la casa que nos diferencia de cualquier proyecto sobre la misma temática iconográfica que se ha hecho antes y después, y después los programas de visualización, las pruebas para que todas las piezas estuvieran en el lugar adecuado, y con un gestor que permitiera una respuesta rápida al usuario, que ofreciera los datos de tal modo que se sintiera cómodo utilizando nuestra herramienta, que le fuera útil. Preferimos centrarnos en el motor de búsqueda, en las bases de datos antes que en el diseño espectacular, algo que algunos políticos y administradores nunca nos perdonaron: ¡Ay, las fotos, las inauguraciones…! ¡Cuánto daño han hecho y siguen haciendo!
En diciembre de 2005, unos días antes de que terminaran las conmemoraciones quijotescas, el Banco de imágenes del Quijote se hizo público en Internet en la dirección electrónica que siempre ha tenido desde entonces: www.qbi2005.com. En aquel momento salimos con apenas 62 ediciones y 4.000 de imágenes.
Nuestro reto era poner, como máximo, 10.000 imágenes a disposición de todos los usuarios. Diez mil imágenes con su correspondiente catalogación y etiquetas que permitiera la recuperabilidad de la información a partir de diferentes criterios, elegidos por el propio usuario según sus necesidades. Desde enero de 2006 hasta nuestros días, el Banco de imágenes del Quijote se ha ido actualizando mes a mes, ampliando sus ediciones e imágenes… hasta llegar a las quinientas en este mes de enero. Y este camino no hubiera sido posible si no hubiéramos contado, desde el año 2007, con el apoyo de la Sociedad Don Quijote de Conmemoraciones Culturales del Gobierno de Castilla-La Mancha, que siempre ha confiado, y lo sigue haciendo, en nuestro proyecto.
500 ediciones del Quijote, desde la primera imagen de 1607 hasta el conocido como Quijote del centenario, ese que comenzó a imprimirse en 1905 para conmemorar el III Centenario del Quijote, pero cuya publicación se prolongó hasta 1908. 500 ediciones del Quijote a disposición de cualquiera, que le ha convertido en una de las herramientas informáticas más utilizadas, punto de partida para la realización de tesis doctorales e investigaciones de todo tipo, así como para el uso en el aula…
Estamos orgullosos del trabajo realizado, de haber sido capaces de mantener con vida uno de los pocos proyectos que siguen gozando de buena salud de todos los programados en el IV Centenario del Quijote. ¿Se acuerdan las cifras astronómicas de aquellos tiempos?
500 ediciones, con sus casi 16.000 estampas, que podrían ser un buen punto y aparte, o quizás un punto y final. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero también es cierto que ha sido mucho el realizado.
Pero estas 500 ediciones, estas miles de imágenes ahora, por primera vez disponibles de manera sistemática en la red, más que hacernos pensar en abandonar el proyecto nos dan ánimos para seguir con él, para seguir aumentándolo en calidad y cantidad… e incluso ampliarlo a 1915, ya pensando en la celebración del IV Centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote.
500 ediciones que hacen del Banco de imágenes del Quijote una de las herramientas más sólidas, más importantes de las Humanidades Digitales en español. 500 ediciones que nos permiten agradecer a tantas personas que nos han apoyado para ahora poder celebrar este éxito. |