El presidente del Foro de Davos apunta: España es un peligro por su deuda, pero sobre todo por su paro juvenil. Y dispara: "Esto recuerda a mayo del 68". De una crisis financiera a otra económica para terminar en una social, que siempre es ética, moral, de valores. El autor del diagnóstico se llama Klaus Schwab, y no está solo.
A su vera habla Nourel Roubini, designado gurú en estos tiempos de sacerdotes laicos en altares cibernéticos que hacen subir el trigo o bajar la cebada en cuanto mueven el pico, en una curiosa variante de la teoría de la profecía autocumplida de Merton: "España es demasiado grande para caer pero demasiado grande también para ser rescatada". Y el limbo, o el purgatorio, ya no existen.
No hay nadie, en fin, que confíe en tratar la economía española como la previsión del tiempo en Escandinavia: frente el 'a ver si escampa' desiderativo se impone fuera el 'está diluviando' científico y se discute a campo abierto sobre la idoneidad de un brujo para manejar el mapa de isobaras. Miran a Zapatero y ven un curandero, y a estas alturas el mundo precisa de meteorólogos discretos.
En otras palabras, de Davos a Krugman pasando por Bruselas o Washington, suena atronadora una voz: la recuperación de España no pasa sólo por la salida del presidente del Gobierno; pero sin ella resulta imposible planteársela. La economía es confianza: empezando por la que provoque su primer responsable.
Mientras, los diputados discuten un poco sobre sus pensiones y bastante sobre las nuestras, confundiendo al atónito personal: el problema es que no hay trabajo; luego preguntarse por la jubilación equivale a preocuparse por las vacaciones de verano cuando se está postrado enfermo en el hospital.
No obstante, mezclando debates y declaraciones, fluye un aterrador panorama: los que deciden sobre nuestra vida laboral no saben si dejar la cotización entre 39 y 41 años para disimular una reducción final de casi el 20% del subsidio y además reconocen que, antes de eso, no tienen idea de cómo llegar a permitir que el respetable cotice un poco: pierden el tiempo con la sal de frutas aunque aún no saben cómo hacer la comida.

"Lot y su hija", con Sodoma y Gomorra ardiendo al fondo
El contraste entre el diagnóstico externo y las preocupaciones internas es aún más demoledor al cotejarlo con las cuitas privadas de la clase política. Ellos se han garantizado un régimen especial, ajeno al cálculo y al esfuerzo de los mortales, y el único que lo discute fue el mismo que lo rubricó hace un mes y que ahora sólo está dispuesto a sacrificar los privilegios más eróticos: complementos fuera, dice Rajoy, escondiendo que hasta sin ellos sigue siendo un escándalo el sistema que él mismo disfrutaría mañana mismo si tuviera a bien dedicarse a escardar cebollinos.
Ya que Davos ha amortizado Sodoma, debería empezar a preguntarse por Gomorra con la misma exigencia. A ver si con suerte le arranca una idea al registrador de la propiedad que ganará por inercia y empezará a perder tal vez desde ese frugal instante.
Posdata. Sí hay dinero para las Cajas, cuyos responsables siguen tratando con el Ministerio de Economía en lugar de con el de Justicia, más adecuado: 26.000 millones de euros están preparados para reflotar el sector. Tal vez su caída arrastre al resto, pero a estas alturas resultaría excitante comprobarlo en directo.
El cuadro o la ópera se completa con el viaje de Ana Mato a cargo de la agencia de viajes del Gürtel: se fueron de vacaciones gratis toda la familia, incluyendo a la criada. Es difícil saber si es atenuante o agravante hasta que hable la chacha y explique si pudo tumbarse al sol o la tuvieron de Azarías cazando con su milana, bonita. |