Carroñeros
por Fernando Couto

VIERNES 10 DE DICIEMBRE DE 2010 A LAS 18:41 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Según el DRAE un carancho es un "ave del orden de las Falconiformes, de medio metro de longitud y color general pardusco con capucho más oscuro. Se alimenta de animales muertos, insectos, reptiles, etc. Vive desde el sur de los Estados Unidos de América hasta Tierra de Fuego." Carancho también es el mote que recibe el protagonista de la película homónima del realizador argentino Pablo Trapero.  

 

Sosa (Ricardo Darín) es un abogado que no puede ejercer por haber perdido su licencia por motivos que prefiere no explicar y que trabaja para una fundación en San Justo en la provincia de Buenos Aires. Su trabajo consiste en acudir a lugares de accidentes de tráfico, hospitales y funerarias para convencer a las víctimas, con el pretexto de facilitar y acelerar los trámites, de que le firmen poderes para reclamar en su nombre las indemnizaciones a las compañías aseguradoras. Tras cobrar, la fundación se queda con el dinero o con la mayor parte. Una noche conoce a Luján, una joven medica que trabaja en una ambulancia, hace suplencias en las urgencias de un hospital y tiene sus propios problemas. Su relación animará a Sosa a romper con la organización delictiva, aunque tenga que jugarse la vida.   

 

Carancho retrata muy bien el mundo de soledad nocturna en el que se mueven sus personajes. Un mundo de luz artificial reflejada en cristales, de bares de carretera, de comidas a deshoras, de quedarse dormido en un sofá con la tele encendida y el mando a distancia en la mano. Se ven muy bien las duras condiciones de trabajo de los médicos, en instalaciones en mal estado de mantenimiento, sin poder parar en los peores momentos, con pocos medios y, en el peor de los casos, sin poder evitar la muerte de sus pacientes (no alcanzo a imaginar una mayor causa de estrés laboral). Es bastante aterrador el submundo de corrupción extendida que se esboza. No se ve ninguna protección (policial, judicial) contra la violencia extrema al servicio de la codicia más cruda.   

 

En el elenco sobresale la labor de Darín (Nueve reinas, El secreto de sus ojos), siempre bien, siempre verosímil, siempre capaz de insuflar humanidad en forma de aristas y contradicciones a cualquier personaje.   

 

Grados de separación.  Sosa comparte profesión, modus operandi y afán de redención con el bostoniano Frank Galvin, protagonista de Veredicto final (1982), la mejor interpretación de toda la carrera de Paul Newman, bajo la impecable dirección de Sidney Lumet y sobre un excelente guión de David Mamet. 


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