El sorprendente apoyo de Rajoy a su viejo enemigo Rato como presidente de Cajamadrid tiene truco y, como diría un castizo, huela a distancia. Hasta hace poco la única parte del PP que valoraba y apoyaba al prestigioso ex vicepresidente era la madrileña: no hay más que bucear en el Gobierno de Aguirre para encontrar a los más íntimos colaboradores del Hombre que Osó Discutir a Aznar por Irak: alguna está tan bien situada que hasta ha sonado como futura secretaria general, y faltan dedos en la mano para contar a todos los ratistas que trabajan en la primera, segunda y tercera línea de la Administración autonómica.
Todo lo contrario que Génova, opuesta a utilizar y reconocer a los mejores valores del PP, no sea que le hagan sombra al líder de los pies de barro: desde Aguirre hasta Rato, pasando por Pizarro o incluso Gallardón, todo lo que sonaba bien para el potencial votante era tachado y estigmatizado por el laboratorio genovés, siempre brillante en su mediocridad.
¿Y qué ha psado ahora para hacerle cambiar de opinión? Pues muy sencillo: el Gürtel ha dejado más que tocado a Rajoy, que teme -y mucho- la posibilidad de no llegar a las próximas Generales si prosperan las voces que exigen un Congreso extraordinario. Y en ese escenario, Rato sería un rival temible, especialmente si hace tándem con Aguirre. ¿Y qué mejor manera de cerrar esa vía que auparle a un puesto de rango económico y social máximo?
En Sol siempre se ha apostado, y se apuesta, por dos nombres: el propio Rato, que ha hablado de ello con Aguirre hace muchos meses; y el vicepresidente González, que goza del mayor consenso posible, pues hasta el PSOE acepta su nombramiento. De ahí saldrá el elegido, salvo sorpresas inesperadas de última hora que tendrían mucho que ver con el clima de relaciones entre el Gobierno de Madrid y Génova: ahora son cordiales, más por el esfuerzo de Aguirre que por el de Rajoy, pero donde no hay química, termina por no haber física. |