Cualquiera de los apenas 2.400 controladores aéreos de España tiene un sueldo base de 170.000 euros al año, alcanza una media de 333.000 euros entre complementos y horas extra y, en los casos extremos, puede llegar a un ingreso anual de casi un millón de euros: esto último es una excepción, pero según los datos del Ministerio de Fomento no lo es cobrar 540.000 euros, el salario de un tercio de estos profesionales.
Trabajan, por lo general, tres días consecutivos en horarios de siete horas y turnos variables de mañana, tarde y noche para, a continuación, librar un número similar de días a los trabajados. Por resumirlo a grandes rasgos, trabajan entre 171 y 250 al año. O, sensu contrario, tienen libre entre tres y cinco meses por ejercicio.

Las cifras pueden contener algún error de precisión, pues resulta casi imposible encontrar datos precisos al 100%, pero aun aceptando de antemano matices, no cambia el espíritu ni la conclusión: ganan entre mucho y muchísimo y trabajan entre poco y poquísimo, comparándose tanto con el trabajador modesto cuando con el ejecutivo de primer nivel.
Huelga pues hablar de su huelga en la semana en que se ha aprobado la supresión de la limosna de 426 euros a los parados y la jubilación millonaria de De la Vega o Puigcercós, en la línea del salario de Cospedal, también.
Hay cosas que se juzgan solas, pero no se entienden sin su contexto: uno sólo se mea fuera cuando el retrete está hecho un asco de antemano. La metáfora del abuso convertido en sistema encuentra en tan eufemística profesión una dulce venganza: los controladores, descontrolados, en el país sin control.
Aterriza como puedas.
Posdata. Se invoca al Ejército para resolver un problema político. Sin necesidad de dramatizar, resulta muy dramático.
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