Abbas Kiarostami (Teherán, 1940) ha logrado gran prestigio como uno de los directores más galardonados en los últimos veinte años en el circuito internacional de festivales cinematográficos (Cannes, Venecia, Montreal, Locarno, Valladolid). A pesar de ello no muchos de sus más de 25 largometrajes se han estrenado comercialmente en España (A través de los olivos, El sabor de las cerezas, El viento nos llevará). Sí está en cartel su obra más reciente, Copia certificada, que es la primera que rueda fuera de su Irán natal.
Un escritor inglés, James Miller (William Shimell), presenta en la localidad toscana de Arezzo su libro sobre el valor específico de las copias comparadas con las obras originales a lo largo de la historia del arte. En un asiento reservado de la primera fila asiste una mujer (Juliette Binoche) que se ausenta al poco de empezar. Al día siguiente él acude a la galería de arte de ella a firmarle varios ejemplares de su libro, que ella ha comprado para regalar. Por iniciativa de ella, se desplazan en su coche a la pequeña localidad de Lucignano a ver en un museo un cuadro que es una copia de un retrato napolitano y que aún así es muy apreciado localmente. Mientras toman café en un bar, la dueña deduce que son matrimonio y, en un giro sorprendente, como si las personas fuéramos fenómenos cuánticos susceptibles de alteración por la observación externa, a partir de ese momento se empiezan a comportar como si fueran una pareja con quince años de vida en común con las inevitables cicatrices, resquemores, reproches y falta de estímulos que son las consecuencias del paso del tiempo.
La ambigüedad le sienta bien a Copia certificada porque en todo momento la relación que vemos parece verdadera. ¿Son capaces de fingir su primer encuentro? ¿O aprovechan la farsa del matrimonio como catarsis? ¿O son amantes porque él está casado y el tener dos familias le permite no comprometerse a fondo con ninguna?
Toda la película es conducida por la relación de los dos protagonistas, aunque hay una breve y lúcida aparición del guionista francés Jean-Claude Carrière, pero Kiarostami mima con la cámara a Binoche, que lleva el peso emocional de la película con su sentida interpretación dado el desapego que muestra su esquinado y escurridizo contrincante, perceptivo como para notar que dos personas siempre caminan a gran distancia, sabio como para decir de corazón que ella está mucho más guapa ahora que hace quince años.
Grados de separación
Debido al paisaje, del que no se abusa para colar hermosas postales, y al asunto es inevitable recordar Te querré siempre (Viaggio in Italia), la obra maestra de Roberto Rossellini con Ingrid Bergman y George Sanders. ¿Copia Kiarostami a Rossellini, a la vez que logra un valor específico? Sí, se puede vivir sin Rossellini (y sin Donen). Pero no saben lo que se pierden. |