Además un caballero
por Fernando Couto

VIERNES 15 DE OCTUBRE DE 2010 A LAS 19:57 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Manuel Alexandre, actor madrileño genial que apareció en varios cientos de papeles secundarios a lo largo de más de sesenta años en el teatro, el cine y la televisión, ha muerto el día 12 de octubre a los 92 años. Inconfundible por su voz temblorosa y su apariencia frágil, era capaz de lograr la risa o la emoción del público con apenas una inflexión de voz y también de robarle una escena, haciendo del librero Zaratustra de Luces de Bohemia, a nada menos que José María Rodero en el Teatro María Guerrero.  

 

Comenzó su carrera en los años en los que el cine español era en blanco y negro, algo que hoy para buen número de jóvenes resulta incomprensible como pasatiempo y tan fósil como llevar sombrero. Todavía hoy su presencia destaca en las brillantes comedias corales de Luis García Berlanga, que no sólo tenían unos diálogos vitriólicos a menudo de Rafael Azcona y unos planos-secuencia primorosos de su director sino también unos repartos sobrados de talento y comicidad (Pepe Isbert, José Luis López Vázquez, Agustín González, Elvira Quintillá, Manolo Morán, Alberto Romea, Julia Caba Alba). Alexandre contribuye al feliz resultado final de Bienvenido Mister Marshall, Calabuch, o Los jueves, milagro. Puede que su papel más inolvidable sea el del cuñado cojo del protagonista epónimo en la magistral Plácido (1961), que la censura impidió que se titulara Siente un pobre a su mesa. Su afán por disfrutar de la cesta de Navidad muestra mejor que cualquier cuadro estadístico cómo era la España en la que dos años antes se había aprobado el Plan Nacional de Estabilización Económica, un giro de 180 grados para liberalizar parcialmente la economía hasta entonces autárquica. Curiosamente Alexandre intervino en El verdugo de Berlanga como el condenado a muerte, y en Muerte de un ciclista de Juan Antonio Bardem, como ciclista, aunque apenas se le ve en ambos casos. Con Bardem repitió en Calle mayor en un papel dramático. Pero lució más en papeles cómicos como en Atraco a las tres (1962) de José María Forqué o en Amanece, que no es poco (1989) de José Luis Cuerda.   

 

Nunca se retiró y trabajó en televisión en series como Los ladrones van a la oficina (1993-96), en miniseries como Fortunata y Jacinta (1980) y en adaptaciones teatrales como Doce hombres sin piedad (1973). Por último pero más importante, Manuel Alexandre es una de esas pocas personas de las que todo el mundo ha hablado bien mientras vivía.

 

Grados de separación. ¡Viva Chile!

 


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