Letizia, coño, cómete el pollo
por Uno de la Redacción

JUEVES 14 DE OCTUBRE DE 2010 A LAS 17:28 HORAS
Opinión > Política
 
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XAVIER COLÁS
El pueblo produce cosas que ni el tirano se merece. No digo ya el vicioso telespectador, o incluso el santo ciudadano: el hacedor de parados, si existe, no se merece el griterío que hay repartido por los canales, los divorcios en tiempo real, el faltar al otro cuando el que sobra es uno –o una– y el dar más pena que la madre de Bambi en blanco y negro.

Decía Santiago Segura hace poco que en España no hay star system: Pé, su chorbo, Julio Iglesias, Alejandro Sanz... se largaron porque pasan del populacho y de sus dealers, de sus camellos, los asalariados de la prensa rosa. Son los que los persiguen con la alcachofa para pillar el rebufo del día: gruñido, excremento o placenta, no importa siempre y cuando haya anuncios caros delante y detrás. Para que me toquen la moral, que me la toquen en inglés que quedará mejor en mi biografía: ésa parece ser la reflexión general que ha alumbrado la espantá del glamour verdadero. Los famosos que quedan por aquí ya ni causan revuelo cuando la gente los ve en un Vips. No les fían en Museo Chicote y, lo que es peor, les invitan a carreras solidarias para que los veje un teletubie en el podio.


 

Como en 1492, tras expulsar lo que no cuadraba con nuestra cornamenta nos hemos quedado con la pureza de sangre: azul o choni, ustedes me dirán. Porque los Borbones viven precisamente de amarrarse a la piel de toro y no hay riesgo de fuga sino de atrincheramiento. Liberarse de nosotros sería morir, lentamente claro.

Pero al final lo que ha pasado es que los hijos se están comiendo a Saturno, y el bocado más gordo se lo ha dado una divorciada de Rivas llamada Letizia y una rubiaca de San Blas que se apellida Esteban y no se calla ni ahogada en cemento. El pueblo lanza escalas sobre los muros de la fama y las elites. Algunas veces lo hace con decoro y aterriza una de las suyas en La Zarzuela, y otras veces el trampolín es el mito español versionado en el polígono: torero y tronadillera. No iban a ser los de siempre los que viviesen sin trabajar. Ya se puede caer bajo sin haber estado jamás en las alturas.


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