Lisboa, un espejo
por Uno de la Muga

VIERNES 20 DE AGOSTO DE 2010 A LAS 12:14 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Poema Lisbon Revisited (1926)

 

Fernando Pessoa (Lisboa, 13 de junio de 1888 - Lisboa, 30 de noviembre de 1935)

 

“Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
… … …

… … …

Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida…
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí…
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,
y aquí volví a volver y volver,
y aquí de nuevo he vuelto a volver?
¿O todos los Yo que aquí estuve o estuvieron somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que está fuera de mí?

… … …

Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por salones de recuerdos
con ruidos de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir…

… … …

Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!”

(Traducción de José Antonio Llardent)

 


Cada vez que visito Lisboa se me presenta distinta, grandiosa en su esencia poética. Siempre entra un ser distinto, un nuevo heterónimo con distinta actitud que me evocan a Pessoa y sus poemas

 

Lisboa puede ser el gran espejo de Europa en el que mirarse para detectar las miserias que inflan las tragedias. Lisboa es un inmenso espejo luminoso, cuarteado hasta la saciedad del infinito, bajo el peso del ocaso de un imperio.

 

En el cénit de la tragedia, tras el incendio producido por el terremoto de 1755, el marqués de Pombal satisfizo la confianza que el rey había depositado en él e infló la autoestima de todos los lisboetas, al implicarles en la construcción y reconstrucción de una nueva Lisboa. La Lisboa que hoy podemos visitar.

 

Desde el arquitecto hasta el transportador de piedras a esparcir ordenadamente por las calles, desde el agricultor al cocinero, desde la sombrerera a la lavandera… todos se beneficiaron en lo económico y en lo anímico, para incremento de su autoestima y dignidad.

 

La acción coordinada de todo un pueblo, junto a los escudos que llegaban desde las colonias, facilitó la superación del trauma que produjo la gran catástrofe, con cierta agilidad.

 

Pasear por Lisboa, por Madrid, por Vitoria, por Alicante, por Toledo, por Barcelona, por Alcalá. por… Pasear incita al viajero a reflexionar sobre éste y otros aspectos que reflejan la calidad de vida de los individuos en sus lugares de residencia.

 

Doy mi bienvenida a los viajeros retornados.

 

Uno de la muga


Comentarios
PAULA BALLESTEROS SANTOS
jueves 2 de septiembre de 2010 a las 16:42 horas
El recuerdo de las cosas, ciudades, experiencias, se transforma con el paso del tiempo. Necesitamos recordar lo mejor de cada cosa como recurso de supervivencia. La nostalgia de tiempos pasados muchas veces nos lleva a resaltar sus virtudes, en el caso de Lisboa es fácil hacerlo, su sabor añejo transporta al viajero a épocas en las que el tiempo parecía estar al servicio de quienes recorrían sus calles.Un placer volver a leerle.
uno de la muga
viernes 20 de agosto de 2010 a las 22:09 horas
Io:
Mi lema existencial es disfrutar profundamente con lo que el entorno permita de cuanto ofrezca.
Volver a lo cotidiano, a lo elegido tras una alteración de costumbres y espacios, siempre produce cierto placer.
Alcalá de Henares es un magnífico lugar para permanecer, por más de mil razones; y entre ellas, las personas que la habitan y la fabrican día a día con su trabajo silencioso, a veces.
Cuanto más viajo, más me agrada volver a Alcalá.
IO
viernes 20 de agosto de 2010 a las 15:31 horas
Mis respetos sr. de La Muga.
Le hemos echado de menos, pero me alegro de que haya usted disfrutado de sus vacaciones porque ha vuelto usted generoso.
Al hilo de su última reflexión, decir que, a mí me pasa, que cuanto más permanezco en Alcalá, más me gusta viajar.
Espero que algún día estas calles ingratas, sus gentes ensimismadas, su imagen engañosa de ciudad nutrida, me hagan cambiar las costumbres. Y que cuanto más viaje, que lo haré sin duda, más me guste volver a casa.
Feliz regreso a usted también.
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